Hecho en México: el reto no es ponerle el sello, sino generar el valor
Hay sellos que distinguen un producto y hay sellos que pretenden distinguir a toda una economía. El “Hecho en México” pertenece a la segunda categoría. Y por eso el verdadero éxito de esta estrategia no debería medirse por el número de logotipos colocados en los empaques, sino por cuánto valor, empleo, innovación y riqueza se quedan efectivamente en el país.

La apuesta no es nueva, pero sí ha adquirido una nueva dimensión. En febrero de 2025, la Secretaría de Economía estableció nuevas reglas para la marca de certificación “Hecho en México”, vinculándola con una estrategia de fortalecimiento de la producción nacional. Las reglas permiten identificar productos fabricados, manufacturados o ensamblados en México, incluso cuando parte de sus insumos sea de origen extranjero.
Ahí aparece el primer gran reto económico.
Que algo se ensamble en México no significa necesariamente que México capture la mayor parte del valor generado. Un automóvil puede salir de una planta mexicana, pero incorporar componentes, tecnología, maquinaria, software y servicios desarrollados en otros países. Lo mismo puede ocurrir con un electrodoméstico, un dispositivo electrónico o cualquier producto integrado a una cadena global.
Por eso, la discusión importante no es solamente cuánto producimos en México, sino cuánto de esa producción es realmente mexicana.
La propia Secretaría de Economía plantea como objetivos del programa incrementar el contenido nacional, fortalecer el mercado interno y lograr una mayor incorporación de empresas mexicanas a las cadenas globales de valor.
Y ahí está la oportunidad.
México ya tiene una enorme capacidad manufacturera y una posición privilegiada por su cercanía con Estados Unidos. El desafío consiste en convertir esa capacidad de fabricación en una red cada vez más amplia de proveedores nacionales.
Porque si una gran empresa instalada en México importa prácticamente todos sus componentes, el país obtiene empleos y actividad económica, sí, pero pierde una parte importante de la oportunidad de desarrollar empresas nacionales alrededor de esa industria.
En cambio, si detrás de una planta automotriz hay fabricantes mexicanos de piezas, empresas de software, laboratorios, diseñadores, proveedores logísticos, servicios especializados y pequeñas y medianas empresas capaces de cumplir estándares internacionales, el efecto multiplicador es mucho mayor.
Ese debería ser el verdadero significado económico de “Hecho en México”.
HASTA LA PRÓXIMA!!!!
Rosario Gómez
Dir. Gral. de la Revista Mundo Económico y Político
