Mientras EU revisa el T-MEC, Taiwán y Vietnam ya superan a México en su déficit comercial
El déficit comercial de Estados Unidos fue uno de los principales argumentos que utilizó la administración estadounidense para negarse a extender automáticamente el T-MEC. México concentra buena parte del déficit comercial estadounidense dentro de Norteamérica y llegó a perfilarse para convertirse en el país con el mayor saldo negativo, después de cerrar 2025 muy cerca de China.
Sin embargo, las cifras más recientes muestran que el mapa del déficit estadounidense sigue en transformación. Ahora el problema ya no lo lidera China ni lo secunda México, sino que se desplaza hacia otros países de Asia, impulsado por el auge de la industria tecnológica.
Datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos muestran que entre enero y abril de 2026 el déficit comercial estadounidense con Taiwán alcanzó 71,536 millones de dólares, un incremento de 55% respecto al mismo lapso de 2025. Con Vietnam llegó a 70,066 millones, un aumento de 29%. Ambos países superaron a México, cuyo déficit se ubicó en 60,110 millones de dólares, con una reducción de 2%.
México descendió del segundo al tercer lugar entre los países con los que Estados Unidos mantiene su mayor déficit comercial. China, que durante años ocupó cómodamente la primera posición, cayó al cuarto sitio con 43,888 millones de dólares, una disminución de 50%, mientras Canadá, su otro socio T-MEC, se encuentra en la posición 11 con 12,345 millones, 45% menos que un año antes.
Carrera tecnológica
La diferencia entre México y los nuevos protagonistas del déficit estadounidense aparece al revisar qué productos explican esos saldos.
En el caso de Taiwán, el mayor déficit corresponde a equipos de computación y electrónicos, con 70,590 millones de dólares. Para Vietnam, el mismo sector genera un déficit de 42,282 millones en los primeros cuatro meses del año.
México también ganó terreno en esa industria durante el último año y los productos electrónicos ya representan uno de los principales motores de sus exportaciones. Sin embargo, su déficit con Estados Unidos en ese segmento asciende a 17,071 millones de dólares, muy por debajo del registrado por estas economías asiáticas.
El principal desequilibrio comercial entre México y Estados Unidos continúa concentrado en el equipo de transporte, donde se incluyen automóviles, autopartes y vehículos pesados. Ese rubro generó un déficit estadounidense de 36,500 millones de dólares.
Esta diferencia ayuda a explicar por qué el crecimiento del déficit estadounidense ya no responde únicamente a la producción manufacturera mexicana, sino al avance de Asia en sectores considerados estratégicos, como semiconductores, computadoras, componentes electrónicos y tecnologías de información.
Integración regional
Pese a ello, especialistas sostienen que equiparar el déficit con México al que Estados Unidos mantiene con Taiwán o Vietnam conduce a una lectura incompleta.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) explica que el comercio entre México y Estados Unidos opera bajo un modelo de coproducción, donde ambos países intercambian insumos, componentes y procesos productivos antes de exportar el bien terminado. En contraste, economías como Taiwán y Vietnam exportan mucho más de lo que compran a Estados Unidos.
La diferencia se observa en el cociente de reciprocidad comercial, indicador que mide cuánto exporta Estados Unidos por cada dólar de déficit.
En electrónicos, el principal sector deficitario para Washington, México registró en 2025 un cociente de 0.97, prácticamente en equilibrio. En cambio, Taiwán alcanzó 6.49 y Vietnam 26.94, lo que refleja relaciones comerciales mucho menos equilibradas.
En equipo de transporte, donde México abastece 36% de las importaciones estadounidenses, el cociente fue de 2.76, evidencia de la intensa integración de las cadenas automotrices entre ambos países.
Para el IMCO, reducir el déficit comercial con México no tendría el mismo efecto que hacerlo con Asia, porque implicaría desarticular cadenas de suministro de las que también depende la industria estadounidense.
Aun así, Washington mantiene el déficit comercial con sus socios norteamericanos como uno de los ejes de la revisión del tratado.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sostiene que el déficit estadounidense no disminuirá restringiendo el comercio regional, sino fabricando más bienes dentro de Norteamérica para sustituir importaciones provenientes de Asia.
«Si queremos reducir el déficit, tenemos que producir más en Norteamérica», afirmó el funcionario al explicar que productos como principios activos farmacéuticos, penicilina o semiconductores todavía se importan mayoritariamente desde Asia. A su juicio, la única forma de reducir ese desequilibrio consiste en desarrollar esa producción entre México, Estados Unidos y Canadá, en lugar de seguir comprándola fuera de la región.
En la agenda del T-MEC
Ese planteamiento forma parte de la discusión sobre el futuro del T-MEC.
La American Chamber of Commerce of Mexico (AmCham) señala que uno de los temas que permanecen sobre la mesa es la construcción de un esquema arancelario regional para las importaciones provenientes de Asia, con el objetivo de incentivar que una mayor parte de la producción estratégica se realice dentro de Norteamérica.
Para Pedro Casas, director general de la AmCham, la revisión del tratado representa una oportunidad para alinear la política industrial de México y Estados Unidos frente a la creciente competencia asiática.
El representante empresarial señala que, aunque las estrategias económicas de Donald Trump y Claudia Sheinbaum parecen distintas, ambas comparten objetivos como reindustrializar sus economías, generar empleos, sustituir importaciones asiáticas y fortalecer las cadenas regionales de suministro.
Casas explica que, tras más de tres décadas de integración económica, México y Estados Unidos dejaron de ser únicamente dos países que intercambian productos terminados. Hoy operan como una plataforma productiva conjunta.
Con esa visión, una alternativa consiste en elevar las reglas de origen en industrias estratégicas para obligar a que una mayor proporción del contenido se produzca dentro de Norteamérica. Otra propuesta contempla establecer una política arancelaria coordinada frente a importaciones asiáticas, de modo que resulte más atractivo fabricar esos bienes en la región.
