Biométricos en bancos buscan ayudar a 17 millones de adultos mayores, pero persistirán fricciones
El reconocimiento facial y la huella dactilar son una medida que busca prevenir los fraudes en México, especialmente en los adultos mayores, y aunque estas medidas aprobadas por el regulador tienen una buena intención, la realidad es que merman la confianza y la experiencia de usuario.
La CNBV aprobó recientemente que se incorporará la detección facial como una medida de identificación de los bancos, especialmente para los dueños de cuentas N3 y N4, cuando quieran hacer depósitos o retiros de más de 140,000 pesos.
La medida busca prevenir los fraudes, que entre enero y mayo crecieron un 18% respecto al año pasado, y a la población adulta mayor.
Son los adultos de entre 50 a 69 años donde más se concentran las quejas, ya que en este rango de edad se concentran cerca del 40% de las reclamaciones por fraude. Los expertos destacan que cerca de 17 millones de adultos mayores usan servicios financieros en el país.
Enero y abril fueron los meses en los que más quejas por fraude se registraron con 7,058 y 7,144 casos, respectivamente.
“La creciente digitalización de los servicios financieros ha ampliado las oportunidades para que los fraudes se presenten a través de múltiples canales de contacto con las personas usuarias”, Condusef.
A través del uso de la biometría, el 99.6% de los casos de fraude se pueden prevenir, de acuerdo con Trully, una empresa de tecnología de verificación de identidad y prevención de fraude digital.
Carlos Valderrama, experto en sistema financiero y cofundador de la firma Legal Paradox, dijo en entrevista que el fortalecimiento en la regulación se vuelve fundamental para prevenir amenazas de fraudes (mediante la inteligencia artificial) y el lavado de dinero.
Y mientras por un lado los bancos buscan blindarse de delitos, por otro lado no tienen la obligación de que el proceso de recopilación, identificación y almacenamiento de datos sea amable con el usuario, lo que podría generar incomodidad.
“Hay algo bien interesante porque el marco regulatorio no te dice cuál tiene que ser la experiencia del usuario (…) Lo deja para que cada banco tenga sus propios procesos”, Carlos Valderrama, cofundador de la firma Legal Paradox.
A diferencia de las entidades fintech (que son nativas digitales y diseñan sus productos con el cliente como centro), los bancos tradicionales suelen ver estos procesos como un requisito secundario de cumplimiento regulatorio, por lo que no siempre priorizan qué tan rápida o agradable es la experiencia para el usuario, considera.
Instituciones como Banamex han señalado que esta medida de identificación facial fue impulsada por el gremio con el fin de reforzar la seguridad financiera y combatir actividades ilícitas, particularmente el uso del efectivo.
“(La identificación facial) es una medida de prevención de delitos financieros”, Banamex.
La Asociación de Bancos de México (ABM) dio a conocer el año pasado que tomaría acciones, como esta, para prevenir delitos financieros.
Y un ejemplo de esto es lo que le ocurrió a la señora Catalina Méndez, cliente de BBVA México: cuando extravió su tarjeta de débito tuvo que acudir a sucursal para pedir el reemplazo de su plástico.
En ventanilla le dijeron que para hacer el cambio debía demostrar que era el titular de la cuenta mediante su huella digital y su identificación oficial. Contaba con el INE, pero al intentar validar sus huellas digitales, el lector del banco no las detectó.
La usuaria comentó que intentaron con distintos dedos pero sus huellas ya eran tan tenues que la máquina no las identificaba.
Le pidieron una identificación más como pasaporte o la tenencia de una tarjeta de crédito para hacer válido el reclamo. No contaba con ninguno de ellos.
«Me pareció preocupante que no me quisieran dar mi tarjeta porque es mi dinero, ahí me depositan mi pensión, y como tengo desgate en mis dedos, las máquinas no las reconocen», comentó.
Valderrama considera que este problema debe atenderse, ya que la población mexicana se encamina hacia el envejecimiento. Además, considera que estas medidas dejan en medio a otro sector de la población: los que no tienen una buena educación financiera y le tienen miedo a dar este tipo de datos.
Es el caso de una señora en un pueblo turístico que confesó no querer una tarjeta de un banco digital porque al intentar abrir su cuenta, le pidieron su ubicación.
«Su respuesta fue muy visceral y me dijo: pues, ¿qué me quieren secuestrar?», contó Valderrama.
