México busca evitar nuevos aranceles de EU por acusación de sobrecapacidad industrial

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México intenta quedar fuera en el siguiente frente arancelario de Estados Unidos. Durante las audiencias públicas de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Ernesto Acevedo Fernández, ministro de la Secretaría de Economía en la Embajada de México en Washington y exsubsecretario de Comercio Exterior, pidió formalmente excluir al país de la investigación de Washington bajo la Sección 301 sobre sobrecapacidad estructural en sectores manufactureros.

«No existe una base legal ni factual para incluir a México», afirmó ante el comité estadounidense.

La defensa mexicana se centra en un argumento: la manufactura nacional utiliza alrededor del 80% de su capacidad instalada y las decisiones sobre nuevas plantas, producción, tecnología o expansión corresponden exclusivamente a las empresas, no al gobierno.

La conclusión de esta investigación puede ir mucho más allá de un debate técnico. Si Washington determina que México incurre en prácticas que generan sobrecapacidad estructural, la Sección 301 le permite imponer nuevas medidas comerciales, incluidos aranceles.

México rechaza la acusación de sobrecapacidad

La investigación estadounidense busca determinar si algunos gobiernos impulsan artificialmente la producción industrial mediante subsidios, financiamiento preferencial, barreras comerciales, empresas estatales o intervenciones que llevan a producir más de lo que el mercado puede absorber.

Para Acevedo, ese modelo no describe a México.

«La integración ha sido impulsada por decisiones del sector privado en respuesta a las condiciones del mercado», explicó.

Añadió que el Gobierno de México no participa en decisiones corporativas relacionadas con inversión, capacidad de producción, tecnología o estrategia comercial.

También recordó que México opera bajo principios de mercado, que la Constitución prohíbe las prácticas monopólicas y que el peso mexicano se determina mediante un régimen de libre flotación, sin manipulación gubernamental del tipo de cambio.

Desde esa perspectiva, sostuvo, no existe evidencia que permita atribuir al gobierno mexicano una política deliberada para generar capacidad industrial excedente.

Se espera aranceles más altos

El principal riesgo para México no radica únicamente en formar parte de la investigación.

La preocupación es que ésta sirva como fundamento para una nueva ronda de aranceles estadounidenses.

La Sección 301 permite a Estados Unidos responder cuando considera que actos, políticas o prácticas de otro país resultan injustificables, discriminatorios o afectan al comercio estadounidense.

Entre esas respuestas se encuentran los aranceles.

Y las señales apuntan a que pueden ser más severos que otros gravámenes recientes.

Silvia Armendáriz, encargada de cumplimiento en México para Livingston International, consideró que Washington continuará utilizando los aranceles como una herramienta central de su política comercial y estimó que las medidas relacionadas con la sobrecapacidad manufacturera podrían alcanzar niveles más elevados.

«Desde mi perspectiva muy personal, creo que sí pudieran ser más elevados», señaló.

Explicó que algunos de esos gravámenes podrían mantener excepciones para productos que cumplen con las reglas de origen del T-MEC, aunque esa protección no necesariamente aplicaría a todas las medidas comerciales que adopte Washington.

La opinión coincide con el análisis de The Conference Board.

El organismo identifica la investigación sobre sobrecapacidad estructural como uno de los principales riesgos comerciales para las empresas durante los próximos meses y señala que la USTR mantiene abierto el procedimiento contra 16 socios comerciales. Además, advierte que los aranceles derivados de este proceso pueden resultar «potencialmente elevados».

Incluso, en algunos casos, podrían acumularse con otros gravámenes sectoriales, como los aplicados al acero, aluminio y automóviles, generando cargas similares o superiores a las observadas durante los llamados aranceles del «Día de la Liberación».

¿Por qué Estados Unidos investiga a México?

La USTR abrió la investigación el 11 de marzo contra China, la Unión Europea, Singapur, Suiza, Noruega, Indonesia, Malasia, Camboya, Tailandia, Corea del Sur, Vietnam, Taiwán, Bangladesh, México, Japón e India.

Washington sostiene que la sobrecapacidad industrial de otras economías dificulta su estrategia para reindustrializar el país, porque el exceso de producción desplaza a fabricantes estadounidenses y limita el regreso de cadenas de suministro.

En el caso de México, la autoridad comercial estadounidense presentó varios elementos.

Uno fue el superávit comercial de bienes con Estados Unidos, que alcanzó 197,000 millones de dólares durante 2025.

También destacó que México figura entre los principales productores mundiales de vehículos y que 79.7% de esa producción tiene como destino el mercado estadounidense.

En acero, el expediente señala que entre 2000 y 2019 la capacidad instalada aumentó 9 millones de toneladas métricas, equivalente a un crecimiento de 46%.

Con esos indicadores, Washington incluyó a México dentro de una investigación concebida principalmente para revisar economías cuya producción industrial, a juicio de Estados Unidos, creció por encima de lo que justificarían las condiciones de oferta y demanda.

«Existe coproducción, no competencia»

La defensa mexicana no quedó únicamente en manos del gobierno.

Durante las audiencias también participaron representantes de la industria.

Gerardo Díaz-Pérez, representante de Deacero USA & MX, aseguró que la relación entre ambos países en el sector siderúrgico no responde a un esquema de competencia, sino de integración productiva.

«Existe coproducción, no competencia», afirmó.

Rechazó que México presente sobrecapacidad estructural en acero y sostuvo que ocurre exactamente lo contrario.

Explicó que el país enfrenta un déficit cercano a 11 millones de toneladas anuales, lo que obliga a importar grandes volúmenes de acero, de los cuales aproximadamente 20% provienen de Estados Unidos.

Añadió que Estados Unidos mantiene un superávit siderúrgico cercano a 4,000 millones de dólares con México y que el mercado mexicano absorbe alrededor de 55% de todas las exportaciones estadounidenses de acero.

Desde esa perspectiva, imponer medidas bajo la Sección 301 terminaría afectando la integración manufacturera que Washington busca fortalecer.

A su juicio, nuevos aranceles elevarían costos para empresas estadounidenses, romperían cadenas regionales de suministro y abrirían mayores oportunidades para productores asiáticos.

Fabricantes estadounidenses exponen otra preocupación

Las audiencias también reflejaron una visión distinta desde diversos sectores industriales de Estados Unidos.

La Forging Industry Association, que representa a fabricantes de piezas metálicas forjadas en Estados Unidos, Canadá y México, sostuvo que parte de la producción que anteriormente se realizaba en territorio estadounidense se trasladó hacia otros países, incluido México.

Su representante, Jack Keller, señaló que algunas piezas actualmente se fabrican en México utilizando acero procedente de China y Corea para posteriormente abastecer al mercado estadounidense.

Preocupaciones similares expresaron representantes de la industria de remolques y plataformas de carga, quienes señalaron el crecimiento de inversiones manufactureras en ciudades mexicanas orientadas específicamente al mercado estadounidense.

Fabricantes de plásticos reforzados también argumentaron que algunos productores establecidos en México combinan incentivos gubernamentales con el acceso a materias primas chinas de bajo costo para competir en Estados Unidos.

Para México, el resultado puede definir algo mucho más relevante que una discusión sobre política industrial.

Si la investigación concluye con nuevos aranceles, la decisión determinará qué tan altos serán esos gravámenes y si la integración construida durante más de tres décadas de libre comercio, primero bajo el TLCAN y ahora con el T-MEC, será suficiente para mantener a México fuera o con beneficios en la nueva ofensiva comercial de Estados Unidos.