EL ARTISTA 1

Ramón Cámara Guadarrama

He platicado con artistas de todo tipo: de arte: pintores, fotógrafos, músicos, cantantes, escritores, escultores, actores y un listado sumamente amplio de personas de carne y hueso que se dedican a promover, crear, realizar y plasmar su sentir y el sentir popular en obras concretas visuales, sonoras, tangibles e intangibles.

¿Qué es lo común que me he encontrado en todos ellos? ¡Todos viven (o vivieron)!, todos visten, todos requieren instrumentos manuales, musicales, electrónicos, digitales, mecánicos, artesanales, hechizos o comprados, pero ¡todos tienen un costo monetario! Aunado a ello, también se requieren de insumos para realizar el arte, el cual no se plasma por generación espontánea y requiere materia prima para transformar, así como un espacio específico y muchos elementos que deben conjuntarse para que el artista pueda realizar lo suyo, lo que sabe hacer, lo que le sale del corazón como necesidad imperiosa de mostrar lo que tiene dentro de su alma, de su corazón, de su visión social, de su interpretación de la realidad tanto en lo personal como en lo social.

Si bien, aunado a lo anterior, también he encontrado que la mayoría de los generadores de arte que he conocido, incluyéndome personalmente, nos hemos reído al coincidir que el arte gusta, se busca, se quiere y se necesita. Pero…¿qué pasa cuando el artista tiene necesidad de tasar su creación en un monto económico: muchos hemos coincidido de que a todo el mundo le gusta una poesía para su novia o ser querido, pero… ¿quién quiere pagar por ello? A todos les encanta que la pintura cuelgue en las paredes de su casa, pero…

—¿cuándo me regalas una pintura de esas bonitas que haces?

— ¿Cuándo me regalas una serenata para llevarle a mi mami?

—Tendré fiesta de cumpleaños, ¿crees que me puedas acompañar en la fiesta (y de repente, también cantarme unas cancioncitas de regalo)?

—¿Escribiste un libro? ¡Felicidades! Regálame un ejemplar, ah, pero autografiado.

—Tú que sabes tomar fotos bonitas. ¿cuándo me tomas una? ¡pero que salga bonita!

El arte gusta. El arte se necesita. Los artistas son elementos fundamentales en la sociedad porque saben plasmar el sentir social y el alma de los que tenemos alma, los humanos. Pero dentro de nuestro proceso social, no nos han enseñado a valorar el arte como un elemento surgido como producto de transformación.

En el proceso de construcción de una casa, o una serie de casas, el ingeniero cobra los planos, el costeo de la obra, el estudio de suelo, el seguimiento de construcción de la obra, la contratación de quienes realizarán la obra y quién realice los acabados de la casa. Una vez hecho esto, la casa adquiere un precio dentro del mercado inmobiliario, el cual se puede tal vez regatear, ¡pero nunca se le pierde y siempre se le gana algo más de la recuperación de inversión! ¿Por qué el artista no siempre puede hacer lo mismo?

En la adquisición de un automóvil, no se regatea el precio mínimo en el mercado, ¿por qué el arte no puede tener el mismo fin? ¿Por qué el artista tiene qué humillarse para poder satisfacer sus necesidades básicas cuando él satisface necesidades superiores, según Maslow en su pirámide? Pensemos en el artista como un ser humano, como un profesional, como un productor de arte.

Reflexionemos.