Un diálogo entre Oriente y Occidente es la apuesta de la poeta Ingrid Bringas con ‘Los amantes de Mishima’

Un diálogo entre

Fue a partir de la pandemia cuando Ingrid Bringas (Monterrey,1985) comenzó a interesarse en la literatura y tradición oriental. Sus lecturas de Yukio Mishima y Miyamoto Musashi fueron dos de los resortes que motivaron Los amantes de Mishima (UANL), un poemario donde la escritora tiende un puente entre dos formas de entender el mundo y que se presenta en el marco de la Feria Internacional del Libro de Monterrey.

Inspirada en ahondar en nuestra relación con el cuerpo, la muerte y la contemplación, Bringas pone sobre la mesa una obra que rompe con lo que había publicado anteriormente y que al mismo tiempo, indaga y cuestiona obsesiones y creencias personales.

¿La escritura de Los amantes de Mishima te la planteaste como un proyecto o se dio sobre la marcha?

Se dio sobre la marcha. Yo estaba trabajando un proyecto migración y en eso llegó la pandemia. Mientras platicaba vía Zoom con un colega dramaturgo sobre Yukio Mishima, él me recomendó a Miyamoto Musashi y a partir de ahí me documenté y me obsesionó con la temática. Me interesó la espiritualidad alrededor de la relación entre los discípulos y el maestro, así como la noción del guerrero samurái de ver la muerte como un regalo. Quería propiciar un diálogo con conceptos como el cuerpo, la memoria, la relación discípulo-maestro, pero desde una perspectiva occidental. Intenté contraponer la moral o la ética del ser humano actual con la de la época Edo.

Pero vistas también con una perspectiva de género…

Así es, aunque en esa época los samuráis sólo podían ser hombres, hay registros muy importantes de algunas guerreras. Me interesaba cuestionar qué sucedía en la época Edo y por qué no podía haber mujeres samuráis. Por igual, el teatro kabuki, como el shakespeariano, sólo podía ser representados por hombres, aunque los personajes fueran mujeres. Me interesaba abordar el tema, pero desde una perspectiva homoerótica también.

Es algo distinto a lo que habías trabajado anteriormente, ¿no?

Es verdad, retratar la vida o las formas en las que el pueblo japonés iba a la guerra, festejaba o amaba su entorno, es muy distinto a como lo hacemos en Occidente.

Y todo esto atravesado por la muerte y el suicidio…

Claro, pero siempre a partir de los rituales. ¿Qué tipo de rituales hacían los guerreros samuráis cuando se entregaban a la muerte?, ¿cómo se les vestía?, ¿qué ofrendas les hacían?, son preguntas que me interesaba abordar. Siempre me ha llamado la relación entre lo corporal y la muerte, y ahora encontré la forma de trabajarla por medio de un diálogo entre oriente y occidente.

¿Entiendes la poesía como un arte ritual?

Para mí la poesía siempre ha sido un rito. Cuando como poeta te obsesiones con un tema y lo abrazas, lo conviertes en un ritual que te lleva a un desdoblamiento personal. La poesía es un género muy diverso que te permite abordar distintos temas, pero desde posiciones personales. Por otro lado, en este mundo que exige inmediatez nos hemos olvidado de la contemplación y este poemario habla también de la importancia de contemplar lo que nos rodea.

Y que se expresa por medio de un juego con las formas y las estructuras poéticas…

Es un juego que siempre me ha interesado. Todos los poemas son en verso libre; algunos son una sola línea y otros están escritos en prosa, pero cada uno de presenta imágenes que van entrelazadas para formar el corpus del poemario.

En la literatura mexicana hay varios autores que han dialogado con la tradición oriental. ¿A quienes te acercaste como referentes?

Unos de los más representativos son Octavio Paz, Elsa Cross y Homero Aridjis. A partir de ahí ha surgido una relación con experimentar, indagar y documentar sobre otras poéticas a las que no nos sentimos tan allegados. En los últimos años la poesía mexicana, por obvias razones, se ha enfocado en temáticas muy específicas como las desapariciones, la violencia o el narco, sin embargo, parece que de pronto salirnos de estos universos para indagar en otras, es también importante y nos abre a otras posibilidades de pensar el mundo.