Santiago Arau lleva sus fotografías al Museo Nacional de Antropología

Santiago Arau

Con vistas aéreas del paisaje contemporáneo, el fotógrafo y cineasta Santiago Arau Pontones tiende un puente entre la monumentalidad de los vestigios prehispánicos más icónicos de México y la vida ceremonial asociada al juego de pelota, en la exposición Tlachtli. Espacios del juego sagrado, que se presenta en el Museo Nacional de Antropología (MNA).

Integrada por 24 fotografías de distintos formatos, la exhibición es organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, afirmó que la muestra robustece la oferta expositiva y cultural del Mundial Social, pues dicha programación “no se ha referido solo al futbol, sino también a poner en juego nuestras exposiciones permanentes y hacer una revisión histórica.

Es muy relevante abordar el futbol, el juego de pelota, desde la pasión, pero también desde la diversidad y la profundidad cultural de nuestro país, agregó la secretaria Curiel de Icaza, tras destacar la inclusión en el montaje de la escultura femenina conocida como La mujer que jugó el destino de los astros, proveniente de Álamo Temapache, Veracruz, “la cual testifica la relevancia social que podía alcanzar una mujer en la época prehispánica, no solo en cuestiones políticas, sino también como parte del ritual del juego de pelota”.

A su vez, el director del INAH, Omar Vázquez Herrera, afirmó que la exhibición propone una nueva lectura del territorio y, con ella, una forma distinta de entender a una de las expresiones más complejas y perdurables del mundo mesoamericano.

“La arqueología excava en el tiempo y la fotografía aérea revela el territorio. Una desciende hacia la memoria y la otra se eleva sobre el paisaje, pero ambas nos recuerdan que comprender el patrimonio es, en el fondo, aprender a mirar”.

Deporte y espacio público

Sobre la concepción del montaje, el Arau señaló que “las antiguas ciudades estaban constituidas básicamente por una misma estructura: una plaza, el edificio de gobierno, un templo religioso y la cancha de juego de pelota, lo que me llevó a pensar en lo importante que para lo mexicanos es el deporte y la cancha, entendida esta última como algo más allá del espacio público”.

Tlachtli, que en náhuatl significa “cancha”, designa aquellas áreas ceremoniales en las que se movían quienes hacían resonar la pelota de hule. Desde las alturas, Arau muestra cómo dichos espacios aún marcan el territorio, como huellas persistentes de una forma de habitar un mundo en el que arquitectura, naturaleza y ritualidad constituían una triada inseparable.

Sus imágenes invitan a adentrarse en antiguos asentamientos precolombinos erigidos en los actuales estados de Chiapas, Chihuahua, Guanajuato, Morelos, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Veracruz, Yucatán y Zacatecas.

El discurso museográfico se complementa con 10 objetos arqueológicos que dan cuenta de la articulación del espacio sagrado, la competencia ritual y la vida ceremonial de numerosos pueblos mesoamericanos, entre ellos la escultura de la citada jugadora de pelota, elaborada de piedra caliza, con 1.43 metros de alto por 37 centímetros de ancho y 15 de espesor.

Asimismo, incluye la réplica de una pelota de hule hecha por artesanos de La Tebaira, Sinaloa, quienes mantienen la elaboración artesanal de las pelotas de ulama, variante viva del ritual prehispánico.

Tlachtli. Espacios del juego sagrado permanece hasta el 2 de agosto de 2026, en la Sala de Inmersión del MNA (Paseo de la Reforma y calzada Gandhi, col. Chapultepec Polanco, alc. Miguel Hidalgo, Ciudad de México).