Muere el investigador emérito del INAH, Jorge Angulo Villaseñor
Destacado arqueólogo e investigador de las culturas mesoamericanas, lo mismo que prominente artista y conversador erudito, Jorge Angulo Villaseñor (1925-2026), pilar del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), falleció este lunes 2 de noviembre de 2026, a los 101 años de edad.
A mediados del siglo pasado, ingresó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), centro de estudios que se localizaba en el primer cuadro de la Ciudad de México, en el recinto que hoy aloja al Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Sus mentores fueron los fundadores del INAH, Alfonso Caso y Miguel Covarrubias, entre otros, quienes le enseñaron a ejercer desde la interdisciplina, y a ponderar siempre la ética y la responsabilidad social.
Como profesionista indagó en numerosos sitios arqueológicos: Teotihuacán, en el Estado de México; Tlatelolco y Templo Mayor, en la Ciudad de México; Chalcatzingo, Xochicalco y Teopanzolco, en Morelos; Tepeapulco y La Nopalera, en Hidalgo, y Monte Albán, en Oaxaca, por citar algunos.
Aunque sus principales líneas de trabajo estaban en el centro de México, Angulo Villaseñor también trabajó con Alberto Ruz Lhuillier en Palenque, Chiapas. Debido a sus habilidades como escultor, fue el encargado de moldear los relieves de los muros para la célebre réplica de la tumba de K’inich Janaab’ Pakal, exhibida en el Museo Nacional de Antropología (MNA), el cual fue inaugurado en 1964.
A él se debe la fundación, bajo encargo del antropólogo y entonces titular del INAH, Guillermo Bonfil Batalla, del Centro Regional Morelos-Guerrero, hoy Centro INAH Morelos, en los años 70, así como del entonces llamado Museo Regional Cuauhnáhuac, hoy Museo Regional de los Pueblos de Morelos, en Cuernavaca.
Para lograr lo anterior, llevó a cabo un colosal trabajo de exploración y salvamento arqueológico en el inmueble conocido como Palacio de Cortés, lo que permitió la apertura del museo en 1974. El 4 de julio del mismo año, Jorge Angulo fue nombrado el primer director de ese espacio.
En 2025, el INAH le rindió un homenaje por su trayectoria. En esa ocasión, uno de sus discípulos, Sergio Gómez Chávez, comentó que fue precisamente una de las obras de Angulo, titulada Teotihuacan. Un autorretrato cultural (1964), la que le convenció de estudiar arqueología… Esa misma publicación fue también lectura obligada dentro de la ENAH, entre los años 80 y 90.
