«La cultura es fundamental para el desarrollo de las ciudades»: Felipe Leal

La cultura es

La cultura no sólo es uno de los “ejes principales” del desarrollo humano, sino también uno de los elementos “fundamentales” para el avance de las ciudades, estimó el arquitecto Felipe Leal, miembro de El Colegio Nacional, al encabezar la mesa “Creación y cultura”, que formó parte del ciclo La ciudad como escenario.

“La ciudad es un nido de creación cultural”, agregó durante el panel en el que también participaron la arquitecta Jimena Hogrebe, el especialista en patrimonio cultural Francisco López Morales y Jorge Pedro Uribe.

“Se ha puesto de manifiesto, en un estudio publicado por la UNESCO con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que la cultura es uno de los ejes principales del desarrollo humano, ya que es la encargada de que la sociedad goce de una buena educación y sepa mantener un consumo y una producción sostenible”, recordó Leal.

El mismo estudio concluye que en el mundo actual, globalizado y entrelazado, “el papel transformador de la cultura es determinante. Cualquier actividad cultural, por pequeña que sea, desde las prácticas artísticas más tradicionales hasta los monumentos históricos, enriquecen el entorno, son una fuente de identidad y de cohesión”.

Esa actividad, sin embargo, no está circunscrita a las bellas artes o una determinada expresión, sino “a un canto popular en la calle, el pregonero puede unirnos desde un monumento, no hay diferencias en ese sentido en todo lo que nos enriquece culturalmente”, dijo el arquitecto.

Para la UNESCO, explicó Leal, la cultura “debe servir como un instrumento para promover la comprensión y la tolerancia entre las personas. Y yo agregaría: para el enriquecimiento humano, porque el conocer nos ayuda muchísimas veces a ahorrarnos muchos procesos”.

La ‘cultura’, opinó, “es conocimiento. El papel de la cultura urbana es, por lo tanto, el de crear ciudades que se basen y centren en los individuos que las habitan, para poder crear lugares cívicos y creativos capaces de colmar las aspiraciones humanas”.

Leal consideró que más allá de lo que la sociedad hace, también existe la necesidad de contar con políticas públicas “que valoren la educación y las expresiones culturales, la experimentación y la innovación, para crear una mezcla adecuada e iniciar este proceso. Sin políticas culturales, el problema es mucho más complejo”.

En tanto, la arquitecta Jimena Hogrebe se refirió a la relación entre arquitectura, literatura y ciudad, correspondencia que “ha llamado la atención de muchos a lo largo del tiempo. La arquitectura y la ciudad han servido como sede de múltiples relatos, al mismo tiempo que la narración ha posibilitado imaginar espacios inexistentes o formas de habitar alternativas”.

En este sentido, dijo, “la ciudad inspira la escritura y es su escenario, pero también la escritura inspira la ciudad. La literatura urbana, en distintas formas, aborda la experiencia de vivir, recorrer, observar o imaginar la ciudad. Una de estas formas es la novela urbana, que es aquella en la que la ciudad constituye un elemento estructural de la narración”.

Hogrebe opinó que su importancia radica “en que permite comprender las ciudades desde la experiencia cotidiana y subjetiva, revelando transformaciones sociales, desigualdades, memorias e imaginarios que otras formas de representación urbana pueden dejar fuera”.

En particular, contó que las novelas urbanas situadas en la Ciudad de México le han inspirado para crear mapas literarios que permiten recorrer varios barrios. Novelas como Santa, El complot mongol, Las batallas en el desierto, La gota de agua, El guardián de la calle Ámsterdam, Pánico o peligro o Nadie me verá llorar, “son una capa de la ciudad hojaldre”.

También desde el terreno personal, Hogrebe compartió que comenzó a ver la ciudad de manera diferente, tras el nacimiento de su hija: “He tenido que aprender a verla de nuevo, desde otro cuerpo y otra experiencia. Darme la oportunidad de visitar estas ideas con distancia me llevó a identificar una constante que es de las riquezas más grandes de la ciudad. Este es escenario de la creación y la cultura y cada creación regresa a ella, se integra”.

La urbe ideal

Miembro del ICOMOS desde 1991 y por muchos años director de Patrimonio Mundial del INAH, Francisco López Morales recordó que, en América, y particularmente en México, se ubicó el sueño utópico de la ciudad ideal.

“Aquí, en la Ciudad de México, se impregnó fundamentalmente el modelo de la urbe ideal, de la urbe trazada en damero. Tenía un maestro extraordinario que se llamaba José Luis García Fernández, un asturiano, allá en España, magnífico, que hablaba sobre el trazado de la ciudad ideal y América era el terreno fundamental para poder llevar a cabo lo que se llamaba la polis, la urbe: la ciudad en damero, la ciudad de Tales de Mileto, la ciudad griega…”.

En México, agregó, “tenemos una visión palpable de lo que pudo haber sido el ideal de la ciudad, la utopía de la ciudad plasmada en ciudad”. López Morales se refirió a la ciudad a través del valor patrimonial.

“México tiene, por supuesto, la cabeza de las ciudades con valor universal excepcional de Patrimonio Mundial, acorde a la Convención de 1972. Ya habíamos llegado al límite, es decir, no más, escribimos cinco ciudades, con lo cual el número cinco ya estaba al tope, pero tuvimos que escribir como sexta ciudad histórica de valor universal excepcional a San Miguel Allende por ser una ciudad con un valor indiscutible”.

López Morales, quien defendió en el pleno de la UNESCO las designaciones mexicanas para ingresar a la lista del Patrimonio Mundial, recordó que “para poder escribir ese centro urbano tan importante, tuve que hacer un ejercicio colosal de un estudio comparativo, al que te obliga a la UNESCO, para que digas que esa urbe tiene un valor universal excepcional”.

“Por lo tanto, tuve que hacer un ejercicio de mil ciudades históricas en América Latina para decir que la ciudad, la tipología de la ciudad de San Miguel Allende no se sometía a los tipos que ya estaban representados en esa lista tan exclusiva, es decir, capitales de virreinato, puertos, ciudades mineras, las tipologías que están consagradas en la lista del Patrimonio Mundial según su función”, dijo.

Terminadas las posibilidades de inscribir ciudades históricas en la lista del Patrimonio Mundial, México inscribió el Camino Real de Tierra Adentro en la reunión de Brasilia en 2010, en la categoría de itinerarios culturales, “rubros que son muy ricos, pero muy complejos”.

“Fue un triunfo porque tuvimos que asegurar y ratificar que era un itinerario con un valor histórico importantísimo porque es el camino que se abre de la capital del Virreinato hasta las provincias del septentrión americano”, rememoró.

Precisamente por esa riqueza, el escritor Jorge Pedro Uribe propuso un viaje imaginario por el centro de la Ciudad de México, como ya lo hizo Francisco Cervantes de Salazar en México en 1554, o, más recientemente, Jorge Gutiérrz Reyna en su crónica “México en el cruce de los tiempos”, para la Revista de Universidad.

“Sales del metro Allende y caminas por Tacuba hacia el oriente, en dirección de las meras pompis de la Catedral, entonces te detienes en Guatemala 18, delante del Centro Cultural de España […] Resulta que un tal Jorge Pedro te contó una vez que allí, en el Museo de Sitio, abajo en el sótano, se exhibe una pieza que bien puede dar cuenta del nivel de sofisticación cultural que alcanzó la civilización mexica. Bajas y descubres por ti mismo una mandíbula humana finamente esgrafiada”, relató.

Si una palabra define el patrimonio del Centro Histórico y la Ciudad de México, estimó, “es diversidad, tanto en el patrimonio físico como en el inmaterial. Algo tiene el Valle de México que no ha dejado de ser potencia cultural desde tiempos virreinales, mexicas, tepanecas, toltecas, chichimecas y aún antes”, señaló.