“Es falso que con buenas intenciones se puede escribir un poema”: Mario Montalbetti
Más que poeta, Mario Montalbetti (Perú, 1953) se ve a sí mismo como alguien que escribe poesía. Aunque la idea puede parecer confusa, para él la diferencia es bastante clara: “el poeta es poeta 24 horas al día. César Vallejo, Antonio Cisneros o José Emilio Pacheco eran poetas. Yo soy lingüista 24 horas al día, me interesa el lenguaje”, dice.
Lingüista de formación, el recién ganador del Premio Iberoamericano José Donoso habla desde su casa con Aristegui Noticias. Autor de más de una decena de títulos entre ensayos y poemarios, Montalbetti ha sabido hacer, desde más de cuarenta años, del poema un laboratorio en donde explora los límites de la palabra.
Más allá de la felicidad natural, ¿qué sensación le produce recibir un premio por su trayectoria?
Es extraño. Siempre es difícil adivinar qué es lo que un lector u otra persona ve en tu obra. Una persona me puede decir que le gusta mucho un poema mío, pero no tengo la menor idea de por qué le gusta o qué le resulta útil. Me gustaría saber, más allá de palabras como “consistencia” o “trayectoria”, qué les gusta de mi trabajo. Esto no impide que me ponga contento por el premio y por estar en compañía de un grupo notable de escritores.
¿Tienes una sensación de que ha valido la pena dedicarse a esto?
No tiene nada que ver. Hubiera escrito poemas o ensayos, aún si no existieran los premios.
¿Es una necesidad escribir poemas?
En cierta manera sí, porque lo hago constantemente. No me considero poeta, me considero una persona que escribe poemas.
¿Cuál es la diferencia?
El poeta es poeta 24 horas al día. César Vallejo, Antonio Cisneros o José Emilio Pacheco eran poetas. Yo soy lingüista 24 horas al día, me interesa el lenguaje. Me encanta investigar cosas del lenguaje y mi laboratorio es el poema.
¿Cómo llegó a hacer del poema ese laboratorio?
Históricamente en mí hubo un corto circuito en dos clases lingüística. Ahí se empezaron a mezclar ambas aficiones de manera no siempre amable.
Hace un momento habló del orgullo que supone estar entre un grupo notable de escritores ganadores del Premio José Donoso. ¿Entre los ganadores con quienes siente empatía?
Soy un pésimo lector de novelas, por eso mencionaré solamente autores de poemas. Me siento muy honrado de estar en la misma lista que José Emilio Pacho, Raúl Zurita y mis dos compatriotas, Antonio Cisneros y Carmen Ollé.
¿Por qué siendo lingüista es mal lector de novela?
Es una buena pregunta. Como lingüista me interesan los límites expresivos y formales del lenguaje. Y creo que los poetas son más interesantes como investigadores de estos límites. No digo que los prosistas no lo hagan, solo que los poetas lo hacen constantemente. El poeta no quiere contar una historia, como sí el novelista, quien para conseguirlo necesita hacer ciertas concesiones.
¿Como poeta qué le interesa contar?
No me interesa contar nada, solo producir pensamiento con forma poética y no escribir de forma académica con notas a pie de página. La poeta chilena Nadia Prado decía algo muy interesante: el filósofo piensa mientras escribe y el poeta escribe mientras piensa, eso es lo que me interesa.
A lo largo del tiempo, supongo, hay un desplazamiento de su poesía. ¿Qué diferencia hay entre su libro Perro negro y lo que escribe ahora?
He cambiado muchísimo. Perro negro es un primer libro, juvenil y de despecho porque una chica me había dejado e intentaba vengarme. Ahí sí estaba interesado en contar cosas, ahora me interesa menos.

Recién mencionó a Raúl Zurita y José Emilio Pacheco, ambos son poetas muy distintos entre sí.
Lo son, pero son poetas. Cada uno a su manera le hace cosas al lenguaje que nadie se atreve. También es muy distinto Antonio Cisneros y Carmen Ollé. Garcilaso y Safo también, pero todos tienen en común su vocación por investigar el lenguaje.
Me llama la atención que mencione a Zurita, un autor muy político, mientras que la poesía que usted escribe es menos politizada.
Zurita es extraordinario, nadie como él le ha tirado con tanta fuerza y energía, palabras a la Cordillera de los Andes. Tiene, además, una cosa épica cuando recita. Algunos de mis poemas son políticos, pero muchos otros, no. Cuando uno le da demasiada importancia al tema, cae en la falsedad de que con buenas intenciones se puede escribir un buen poema. Eso es falso. El buen poema se escribe con una cierta forma que le das a tus buenas intenciones y al tema que eliges.
¿Cuáles son las preguntas que se mantienen en el núcleo de su poesía?
Se ha mantenido el cuidado por la forma del poema. Me interesan incluso las formas clásicas como el soneto. Muchas veces escribo sonetos y luego los rompo, dejan de tener esa forma, pero mantienen el sonido. Siempre estoy muy alerta a nuestra tendencia por el endecasílabo, a decir cosas en once sílabas, aunque no queramos. Creo que hay algo en el espíritu de la lengua que nos lleva a siete o a once sílabas, me parece fascinante.
¿A qué atribuye esta tendencia?
Tiene que ver con la prosodia de nuestra lengua. El soneto inglés no es endecasílabo. El castellano tiene otra prosodia. Nuestras palabras son más largas, tenemos menos monosílabos y todo eso condiciona.
Entonces la poesía está ligada a la naturaleza del lenguaje.
Desde luego. Nuestra lengua, así no se note, muchas veces está condicionada por las locuras que hacen los poetas.
¿Qué poetas le gustan?
Le cambio la pregunta. Si existiera un premio universal de poesía y uno pudiera armar un jurado con gente de todos los tiempos a quienes pondría en el jurado; Safo, Li-po, Garcilaso de la Vega, César Vallejo y Seamus Heney. Si se juntaran estos cinco seguramente declararían el premio desierto.
¿Algún vivo que le interese?
El argentino Sergio Raimondi publicó Lexicón, uno de los grandes libros de los últimos años, me gusta como piensa. En Chile me gusta Elvira Hernández, en México me interesa mucho lo que hace Alberto Blanco. En España agrada lo que hace la gallega Chus Pato.
¿Los premios por trayectoria de alguna manera lo llevan a pensar en la jubilación?
No, porque lo hubiera hecho aún si no hubiera un premio. Si me salen mal los poemas los seguiré escribiendo.
¿Piensa en el legado?
No, para nada. Honestamente no sé lo que un lector saca de lo que he escrito. Ni lo puedo controlar ni lo conozco. La lectura del otro es inconmensurable, por eso prefiero no pensar y que cada uno pille lo que quiera.
