El Mundial 2026 dejará una derrama de 500 mdd en la economía informal de México
Puestos ambulantes de comida, vendedores de piratería, guías de turistas independientes, franeleros, incluso trabajadores en empresas que se desempeñan en la informalidad, tendrán beneficios económicos por la celebración de la Copa Mundial de Futbol 2026 en las tres ciudades sedes mexicanas: Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México.
La estimación ronda entre los 450 y los 500 millones de dólares, los cuales no se contemplan en la previsión del sector formal por 3,200 millones, con la llegada de 800,000 visitantes.
Si bien este dinero no se va a registrar directamente en las arcas nacionales, sí va a hacer un movimiento importante en la economía y en las mesas de las familias, de acuerdo con Jorge Anglard Martínez Cervantes, consultor independiente en Estrategia Financiera.
“El efecto que va a tener el evento, en la absorción del ingreso adicional dentro de la economía mexicana se va a hacer primordialmente por las vías oficiales, o al menos las vías que están bancarizadas, sin embargo, una muy buena parte se va a ir al comercio informal: llámese turismo informal, toda la venta, lamentablemente de piratería; los puestecitos ambulantes de comida”, comentó en la presentación de la Ponencia IMEF 2026, “Más que fútbol: el Mundial 2026 y la integración de América del Norte”.
Esto en consideración de que más de la mitad de la fuerza laboral en el país trabaja fuera del registro formal, y que entre 35 y 40% del gasto retenido en el país circula a través de redes informales, lo que es consistente con la estructura del mercado turístico mexicano, explicó el especialista en su artículo “Turismo, informalidad y multiplicador regional, análisis del impacto económico”, incluido en el documento de la Ponencia.
De acuerdo con el especialista en las tres ciudades sede se prevé una expansión del comercio ambulante, pero esto no es un fenómeno nuevo ni espontáneo: es la economía urbana haciendo lo que siempre ha hecho, pero con una demanda inusualmente alta como catalizador.
De las tres sedes en México, el área metropolitana de la Ciudad de México, registra la tasa de informalidad más alta con 47.9%, le sigue Guadalajara con 40.3%, y en Monterrey es de 32.7%. En tanto, que a nivel nacional la tasa es de 54.8%, de acuerdo con datos al cierre del primer trimestre del año de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI.
¿Para qué alcanza?
Los 500 millones de dólares, que se prevé queden en manos de trabajadores y microemprendedores fuera del registro, representan el 15.6% de la estimación formal del beneficio económico por la Copa Mundial de Futbol en las tres ciudades.
A un tipo de cambio de 17.43 pesos por dólar, son 8,715 millones de pesos que equivalen al 90% de la recaudación del impuesto IEPS a las bebidas alcohólicas en enero-abril de este año; el 62% de los derechos que se prevén recaudar en el año por prestación de servicios consulares; 3.8 veces el presupuesto para el programa de Agua potable, drenaje y tratamiento de aguas, o 1.7 veces la recaudación prevista para todo 2026 del IEPS a Juegos con apuestas y sorteos.
Martínez Cervante refiere que en eventos de gran escala, este fenómeno se amplifica por tres factores: inversiones mínimas frente a lo que es operar un negocio formal; concentración temporal de la demanda, y capacidad de adaptación.

Por ejemplo, en este sector informal, ya hay maneras para transmitir el Mundial en fondas, puestos ambulantes. Con base en encuestas que se han realizado en Estrategia Financiera, alrededor de cuatro de cada 10 puestos ya tienen una pantalla con acceso a alguna de las plataformas de streaming que transmitirán los partidos.
“La informalidad, en este contexto, no es un problema para resolver antes del torneo. Es parte de la respuesta económica al evento”, Jorge Anglard Martínez Cervantes, consultor independiente en Estrategia Financiera.
El reto más interesante, y más difícil, no es eliminarla, señala el autor, sino construir condiciones para que los microemprendimientos que el Mundial active tengan alguna posibilidad de sobrevivir después del pitazo final: acceso a crédito con acompañamiento institucional y una política turística que los vea como actores y no solo como fenómeno colateral.
