Aduanas manipula cifras recaudatorias, impone un riesgo de credibilidad institucional

Aduanas manipula

El jueves de la semana pasada en la conferencia mañanera presidencial, se presumieron datos de la recaudación aduanera en márgenes históricos, sin embargo, lo que se expuso es información parcial. Se mencionó solamente el periodo correspondiente a julio de este año, señalando un incremento del 5.4 por ciento respecto de julio del 2025.

El tema es que esa cifra no corresponde a la realidad completa, está manipulada porque en lo que va de este año la recaudación aduanera es menor al mismo periodo del año pasado. En un solo mes es imposible evaluar el desempeño anual, el acumulado del 2026 muestra un descenso respecto del año anterior, eso altera la percepción por completo.

En realidad, se está registrando una caída de casi seis por ciento en términos nominales y si se considera el efecto inflacionario el escenario es todavía peor. En el análisis de las causas por las que se presenta información imprecisa, habría que empezar por decir que con el cambio en la titularidad de la Agencia Nacional de Aduanas y la llegada de Alonso Romero Gutiérrez, cambiaron muchas prácticas.

Romero Gutiérrez venía de ser un funcionario de bajo nivel en otras áreas del gobierno sin la capacidad y la experiencia para asumir una responsabilidad de este nivel. Impuesto por José Merino el mandamás de la Agencia de Transformación Digital Federal, Alonso Romero Gutiérrez abandonó la costumbre tradicional de esa dependencia, de hacer pública la información relativa a la recaudación, por tanto, ante la falta de disponibilidad de esos datos, se percibe una manipulación de estos. Al limitarse la disponibilidad de la información que anteriormente permitía dar seguimiento periódico de la recaudación, se obstruye no solo el análisis, se corrompe un elemento básico de transparencia, cuando precisamente la presidenta acaba de firmar un decreto en ese sentido.

Hay una clara inconsistencia entre la realidad y lo que se reporta, lo cual no solo es una falta de transparencia, es más que un error deliberado, representa una tergiversación dolosa, que pone en una trampa a la presidenta, a quien se expuso públicamente a dar datos incorrectos. No es cosa menor señalar que en esa conferencia la mandataria se refirió al titular de la ANAM como Gonzalo, cuando su nombre es Alonso, porque más allá de la confusión el asunto es que no lo conoce, lo nombró por recomendación de Merino, sin tener ningún antecedente suyo.

Lo grave es que lo que se anunció como un logro no lo es, por el contrario, es un contraste que no corresponde con la caída en los ingresos vía los impuestos que se cobran en las aduanas. Ahora el asunto queda en manos de la Secretaría de Hacienda, porque el secretario Edgar Amador, por mucho, el funcionario más serio y riguroso del gobierno federal, seguramente no consentirá en mantener esta confusión.

La disparidad entre el anuncio y el ingreso real no se podrá sostener en el tiempo, mucho menos si la tendencia de la caída impositiva se mantiene, aún a pesar del manejo de la información. Esto supera el simple hecho de una narrativa construida desde la ANAM que a todas luces lo que pretende es justificar el pobre desempeño de su titular, tiene que ver con información verificable, con el ingreso recaudatorio y la imagen del gobierno.

La ANAM es un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Hacienda, cualquier inconsistencia en la presentación de cifras oficiales, presentadas por Aduanas deberían ser revisada y validada previamente por Hacienda. Si la ANAM ofrece datos parciales, con metodologías que no permiten comparaciones homogéneas que resulten en información inconsistente con los ingresos efectivamente registrados, tendrá que ser la Secretaría de Hacienda por definición y obligación quien explique y corrija.

Porque es Hacienda la dependencia responsable de sostener la credibilidad de las finanzas públicas del país y su manejo, Edgar Amador ha sido particularmente pulcro y puntual en ese sentido y ahora tendrá que enmendar la irresponsabilidad institucional provocada por Romero Gutiérrez. Estamos ante un problema de credibilidad y certeza institucional y aunque la protección política de la que goza Alonso Romero puede protegerlo un tiempo, los números tarde o temprano terminarán por ponerlo en evidencia.