Un esqueleto de ‘Homo habilis’ demuestra que los primeros humanos no se parecían mucho a nosotros

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Un esqueleto de Homo habilis encontrado en Kenia, cuya antigüedad se estima en unos 2 millones de años, ha cambiado parte de nuestra visión sobre la evolución humana. Al menos, así lo asegura un estudio científico publicado en la revista The Anatomical Record, en el que se afirma que esta especie poseía una apariencia mucho más cercana a la de los grandes simios que a la de las personas modernas.

Los investigadores analizaron los restos óseos del que, hasta la fecha, es el esqueleto de Homo habilis más completo. Este homínido, que habitó África hace entre 2,02 y 2,06 millones de años, es considerado por muchos expertos como el primer integrante verdadero del género Homo. A pesar de su avanzada capacidad cognitiva respecto a sus predecesores, su estructura corporal ha revelado algunas sorpresas.

Entre los huesos analizados estuvieron las clavículas, brazos y pelvis. El primer detalle que llamó la atención fue que sus radios y cúbitos eran considerablemente más largos en relación con su tronco. Una proporción física más parecida a la de los gorilas actuales que a la anatomía del Homo erectus.

Una anatomía primitiva

Este hallazgo vincula al Homo habilis con homínidos mucho más antiguos, como es el caso del Australopithecus afarensis, conocido mundialmente gracias al fósil Lucy. Debido a que aquellos predecesores eran eminentemente arborícolas, los investigadores sostienen que esta especie también pasaba gran parte de su tiempo en los árboles. Su altura máxima llegaba a los 160 cm y su peso era de apenas 30 kilogramos.

“La utilidad de estos brazos tan largos pudo ser la de permitir al Homo habilis trepar mejor”, aseguran los científicos en el estudio. En cuanto a su capacidad para caminar, la morfología de la pelvis sugiere que este homínido ya estaba perfectamente adaptado al bipedismo. Por desgracia, los responsables de la excavación no pudieron localizar los huesos de las piernas, por lo que es imposible confirmarlo con rotundidad.

Un dilema antropológico

Esta mezcla de rasgos modernos y arcaicos complica la tarea de establecer una línea evolutiva clara y directa. De hecho, la fisonomía de este ancestro podría romper la teoría de la progresión lineal hacia el humano actual. Y es que, al carecer de una constitución alta y esbelta como la del Homo erectus, aparece la duda de si realmente somos sus descendientes directos. No olvidemos que la transición hacia los cuerpos de piernas largas que poseemos hoy en día continúa siendo una de las grandes incógnitas de la antropología.

Por todo ello, el equipo de investigadores prefiere mantener la prudencia antes de realizar afirmaciones categóricas sobre el comportamiento del Homo habilis. Eso sí, dejan claro que el salto evolutivo entre animales inteligentes de brazos largos y humanos contemporáneos fue un proceso cargado de matices que, hoy en día, sigue siendo imposible de descifrar plenamente.