Timothée Chalamet, de niño prodigio a leyenda viva en los Oscar
Timothée Chalamet alcanzó el 22 de enero un hito histórico en la industria cinematográfica al obtener su tercera nominación al Oscar como Mejor Actor Principal por su trabajo en Marty Supreme.
Con 30 años recién cumplidos, el intérprete francoestadounidense se convierte así en el actor más joven desde Marlon Brando en alcanzar este número de candidaturas en la categoría reina de la actuación masculina.
El anuncio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas sitúa a Chalamet en una posición de privilegio en la gala del próximo 15 de marzo.
Allí buscará finalmente la estatuilla que se le resistió en ediciones anteriores.
Un fenómeno de las artes escénicas
La historia de Chalamet no comienza con Hollywood y sus luces. Lo hace en los pasillos de la distinguida escuela de arte Fiorello H. LaGuardia en Nueva York.
Considerado un niño prodigio de la interpretación, sus antecedentes familiares en el mundo del espectáculo facilitaron un ascenso que parecía diseñado no por sino para él.
Su madre, Nicole Flender, es una bailarina y actriz formada en Broadway. Su padre, Marc Chalamet, ejerce como editor para Unicef y fue corresponsal del diario Le Parisien.
La influencia se extiende a su línea materna: su abuelo fue el guionista Harold Flender, su tío es el director Rodman Flender y su tía, la productora y escritora Amy Lippman.
Esta red de conexiones, sumada al trabajo de su hermana Pauline Chalamet como actriz y guionista, dota al intérprete de un bagaje cultural y profesional que explica su temprana aparición frente a las cámaras y su capacidad para navegar los hilos del poder en Broadway y Los Ángeles.

Su transición a la pantalla grande comenzó con participaciones en la serie Homeland, donde interpretó a Finn Walden, y su debut en el cine con Men, Women & Children (2014) de Jason Reitman.
Ese mismo año, Christopher Nolan lo seleccionó para interpretar a la versión joven del hijo de Matthew McConaughey en Interstellar, un papel que, aunque breve, lo posicionó en el radar de los grandes estudios.
El año de su consagración definitiva fue 2017, cuando encadenó el éxito independiente de Hot Summer Nights con dos proyectos que definieron su versatilidad. Uno, el papel de un adolescente pretencioso en Lady Bird, de Greta Gerwig; dos, su rol protagónico como Elio Perlman en Call Me By Your Name, de Luca Guadagnino, que le valió su primera nominación al Oscar y lo transformó en un ícono global.

Diseñado para la gloria
Tras el éxito de Guadagnino, el artista encadenó proyectos que demostraron su rango y versatilidad.
Destacó como el adolescente adicto en Beautiful Boy (2018), junto a Steve Carell, y como el joven rey Enrique V en The King (2019) para Netflix.
Su capacidad para sostener blockbusters se confirmó con Dune (2021), donde interpretó a Paul Atreides bajo la dirección de Denis Villeneuve, y más tarde con el éxito comercial de Wonka (2023).
Pero fue su transformación en el legendario Bob Dylan para la cinta A Complete Unknown (2024), de James Mangold, lo que terminó de blindar su reputación ante la Academia.
Para interpretar a Dylan, Chalamet no solo modificó su voz y gestualidad, sino que asumió el reto de cantar los temas del trovador estadounidense, una mimesis que le valió comparaciones con las grandes actuaciones biográficas de la década.
Esta preparación obsesiva fue el preámbulo perfecto para su papel en Marty Supreme.

No Timothée, sino Marty Mauser
En 2025 se estrena Marty Supreme, dirigida por Josh Safdie, donde Chalamet interpreta a Marty Mauser.
El personaje se inspira libremente en Marty Reisman, una leyenda del tenis de mesa de los años 50.
Según recoge la crítica internacional, esta interpretación se alejó del deseo de agradar al espectador para centrarse en la imposición de una voluntad patológica.
Mauser no es un protagonista amable. Es un individuo cuya necesidad de ganar convierte el ping-pong en una batalla personal por la supremacía.
El actor se preparó para este papel con una intensidad de atleta, mimetizándose con la fluidez del movimiento deportivo y la agresividad de un competidor que no admite la derrota, lo fue calificado como su actuación más arriesgada hasta la fecha.
La película contribuyó, de hecho, a este clima de tensión.
Con una cámara nerviosa y diálogos cortantes, Marty Supreme se aleja del esquema tradicional de la biografía deportiva para explorar la mente de un obseso.
Por esta razón la cinta dividió a la prensa especializada. Para algunos medios fue un ejercicio brillante de construcción de carácter. Para otros, representó un exceso de estilo que termina por devorarse a sí mismo.
No obstante, la estrategia de mercadeo de la película utilizó esta polarización a su favor para mantener el nombre de Chalamet en el centro de la conversación cultural, convirtiendo cada declaración de su gira de prensa en una extensión de su personaje.
Lo ocurrido con Supreme, recuerda cuando la ambición de Chalamet se hizo pública durante la reciente entrega de los SAG Awards.
Al recibir el premio al Mejor Actor, el intérprete ofreció un discurso que rompió con la tradición de la falsa modestia. «Realmente persigo la grandeza. Quiero ser uno de los grandes», afirmó ante un sindicato de actores que observó cómo el joven equiparaba su oficio con las métricas objetivas del deporte.
Al citar como referentes a Michael Jordan y Michael Phelps junto a nombres como Daniel Day-Lewis y Marlon Brando, Chalamet trasladó la discusión del arte al terreno de los resultados cuantificables.
Este enfoque generó una polarización inmediata. Mientras sus seguidores aplaudieron aquella honestidad, sus críticos vieron en estas palabras la confirmación de un ego desmedido que ocupa más espacio que sus propias interpretaciones.

Timothée Chalamet y su Kylie Jenner
Vale destacar que el camino hacia esta tercera nominación no está exento de controversias que se inclinan más al lado personal. Al corazón.
Su estatus como el «último gran actor de cine» sufrió otra grieta profunda debido a su relación sentimental con la empresaria, figura de reality show y miembro del clan Kardashian, Kylie Jenner.
Iniciada a principios de 2023 y confirmada públicamente en un concierto de Beyoncé en septiembre del mismo año, esta unión generó un rechazo inmediato entre sus seguidores más puristas.
La crítica no se centró en la vida privada, sino en lo que Jenner representa: el universo mediático un grupo de famosas hermanas y la cultura del fast-celebrity, un polo opuesto a la imagen de intelectualidad y riesgo artístico que el actor venía cultivando durante años.
Su momento de mayor tensión mediática, estando en pareja, ocurrió durante los Globos de Oro 2024, donde se convirtieron en el centro de todas las cámaras, desplazando el interés por sus logros profesionales hacia un ‘faranduleo’ que, para muchos, devaluó su mística de actor «serio».
Pero, para muchos críticos, este romance no es coincidencia. Es un movimiento estratégico para expandir su marca personal hacia audiencias que no consumen cine de autor, pero sí compran el estilo de vida de los Jenner.
Esta dualidad entre el aspirante a leyenda y el protagonista de tabloides viene alimentando los reproches sobre un ego que parece necesitar tanto el oro del Oscar como los likes de la cultura pop masiva.
Este fenómeno de mercadeo llegó a extremos surrealistas pues durante rodajes recientes en Europa, su cambio de imagen y estilo urbano provocaron que fuera confundido por los transeúntes y la prensa local con un rapero del drill londinense, EsDeeKid, un evento que las redes sociales transformaron en contenido viral bajo el término «Chalamet Fever».
Pero esta capacidad para mantenerse en el centro de la conversación, ya sea por su vida personal, sus errores o sus aciertos estéticos, es lo que ha convertido su carrera en un evento cultural constante.
El Dolby Theatre
Hollywood tiene una debilidad histórica por las recreaciones de personajes reales.
Nueve de los últimos quince ganadores del Oscar al Mejor Actor obtuvieron el premio interpretando a figuras históricas. Chalamet conoce esta estadística y la utiliza a su favor con su versión de Marty Reisman.
Si el próximo 15 de marzo levanta la estatuilla, se convertirá en el actor masculino más joven en lograrlo en los 98 años de historia del certamen.
Este objetivo, que el propio actor describe como «combustible para seguir adelante», representa la validación final de una carrera que se mide en yardas ganadas, convencido de que la grandeza es un destino que se conquista con ambición y resultados, más que con la simple aprobación de sus pares.

