Salarios y jornada laboral contra la supervivencia del margen

Salarios y jornada

Al inicio de este año se percibe una nueva realidad económica en México que confronta a los tomadores de decisiones. Es una coyuntura que deja de lado la necesidad permanente de crecer, para dar paso a otra en la que la prioridad será mantener la rentabilidad.

El modelo de competitividad basado en la contención de costos laborales ha dado un giro radical. Vivimos una suerte de tormenta perfecta en materia de capital humano: la política salarial del actual gobierno ha impulsado incrementos al salario mínimo que generan presión inflacionaria. Por otro lado, la implementación aún gradual de la jornada de 40 horas obligará a una reestructuración de turnos y esquemas de contratación que elevará de manera drástica el costo por hora trabajada.

Si a esto sumamos el aumento escalonado en las cuotas patronales de seguridad social destinadas al sistema de pensiones, encontraremos otro incremento en la nómina que supera por mucho la inflación general. No se trata de ajustes menores. Diversas estimaciones, por ejemplo el de las cámaras industriales, sugieren que cubrir esos huecos operativos mediante nuevas contrataciones o el pago de horas extra podría elevar la carga laboral hasta en 33%.

El gran riesgo para el sector empresarial es la desconexión entre el aumento de los gastos operativos y el crecimiento económico. Las proyecciones del Producto Interno Bruto para este año apenas prevén un crecimiento de 1.4%. Si los costos laborales crecen a doble dígito mientras la economía avanza a un ritmo mediocre, la presión sobre los márgenes de utilidad se vuelve insostenible. La premisa de operar absorbiendo esos gastos no podrá mantenerse indefinidamente.

Estos incrementos no pueden trasladarse al mercado ni cargarse al consumidor sin afectar directamente la demanda. Por ello, la mutación tecnológica cobra hoy una relevancia estratégica. Empresas mexicanas que han integrado agentes autónomos de inteligencia artificial reportan incrementos de hasta 40% en su capacidad operativa. Esto obligará a una transformación operativa profunda. La era de competir con base en mano de obra barata ha terminado; el futuro exige ejecutar con “mente de obra” eficiente.

Salarios y jornada laboral contra la supervivencia del margen

En columnas anteriores hemos abordado la inversión y utilización de la inteligencia artificial, así como la importancia de su correcta implementación en las empresas: no como una moda, sino como un pilar de supervivencia. La tecnología, como herramienta, no puede sustituir al talento humano. Debe entenderse como un multiplicador indispensable para sostener los niveles de producción frente a jornadas laborales reducidas.

La rentabilidad dependerá cada vez menos del número de horas que un empleado permanece en su puesto y mucho más de qué tan inteligente es la infraestructura que lo respalda. La política gubernamental de impulso a la justicia social implica un reto significativo para las empresas. La iniciativa privada deberá llevar a cabo la mayor actualización tecnológica de nuestra historia moderna; de lo contrario, esa llamada justicia podría traducirse en desempleo o informalidad ante la falta de rentabilidad.

El gobierno plantea un crecimiento con justicia social, donde el bienestar del trabajador es el eje. Sin embargo, existe una tensión inherente que la retórica política suele ignorar: la justicia social requiere empresas rentables para ser sostenible. La justicia social no puede convertirse en una carga que, por decreto, se transfiera al estado de resultados de las empresas. No es su función ni su obligación. Debe ser el resultado de una economía altamente productiva.

No se trata solo de un debate ideológico. Si la rentabilidad se erosiona hasta volverse insolvente, no solo se parte de una premisa equivocada: no se alcanzará ninguno de los dos objetivos.