Preparan conmemoraciones por los 50 años de la muerte de José Revueltas
A 50 años del deceso de José Revueltas, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México articula una serie de actividades que revisitan su obra desde distintas disciplinas, lo que confirma su vigencia como una de las figuras fundamentales del pensamiento crítico.
El próximo martes 14 de abril, a las 18 h, en la Sala Manuel M. Ponce del del Palacio de Bellas Artes, se llevará a cabo el encuentro “A 50 años de José Revueltas. Espiral infinito”, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).
A través de la Coordinación Nacional de Literatura, reúne a especialistas, familiares y artistas en torno a la vida y la obra del escritor. La jornada, de acceso gratuito, abre con la proyección del corto documental Revueltas films: archivos familiares, con guion y dirección de Gilda Revueltas, nieta del autor. Le sigue un conversatorio con la investigadora Edith Negrín, el académico Carlos Narro, el doctor en Letras José Manuel Mateo y la propia Gilda Revueltas.
La sesión concluye con la participación de Ada Carasusan, bisnieta del escritor, quien presentará piezas de su proyecto “Cantos terrenales”, acompañada por Diego Martínez en el piano, Gustavo Jacob en la guitarra, Aarón Cruz en el contrabajo y Carlos Miguel en la batería.
En Radio Educación se transmite el especial José Revueltas, palabras en libertad… 50 aniversario luctuoso del eterno disidente, el martes 14 de abril, a las 12 h, por el 1060 de AM, y a las 22 h por el 96.5 de FM. Participan el ensayista, antólogo, crítico y poeta Evodio Escalante, y el crítico, biógrafo, escritor y profesor-investigador de la UAM-Xochimilco, Álvaro Ruiz Abreu.
El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) presenta tres actividades de acceso gratuito: el 14 de abril, a las 12 h, el conversatorio en formato híbrido “La vida política e intelectual de José Revueltas”. El 15 de abril, a las 12 h, la presentación virtual del libro Despertar en las tinieblas. José Revueltas: Revolución y vigilancia; el mismo día, a las 17 h, el conversatorio virtual “El legado de José Revueltas en la cinematografía”.
A su vez, la Dirección General de Bibliotecas, en la Biblioteca de México, en conjunto con la editorial Verso Destierro realizará un homenaje al escritor el martes 14 de abril de 2026, a las 18 h, que incluirá la exhibición de la máquina de escribir L. C. Smith & Corona –facilitada por su nieta Kayani Revueltas– en la que el autor mecanografió Los muros de agua (1941), y se leerá el poema Discurso de José Revueltas a los perros del Parque Hundido, de Enrique González Rojo Arthur.

En el ámbito de los archivos y la memoria sonora, la conmemoración se extiende a los acervos públicos. La Biblioteca Vasconcelos y la Fonoteca Nacional ponen a disposición materiales documentales, bibliográficos y sonoros que permiten acercarse a la vida y la obra de José Revueltas, se trata de grabaciones, lecturas, entrevistas y documentos que amplían la comprensión de su legado.
Una vida atravesada por la contradicción
José Maximiliano Revueltas Sánchez nació en 1914 en Santiago Papasquiaro, Durango, en el seno de una familia excepcional. Junto a él crecieron figuras como el compositor Silvestre Revueltas, el pintor Fermín Revueltas y la actriz Rosaura Revueltas.
Su formación fue autodidacta. A los 13 años abandonó la escuela y se refugió en la lectura de Fiódor Dostoievski, la Biblia y textos marxistas, con lo que se formó una imaginación que atravesaba al mismo tiempo las preguntas religiosas y la conciencia crítica de la desigualdad, que transformó en una ética radical que buscó comprender al ser humano en sus zonas más oscuras, pero también en su posibilidad de rebelarse frente a la opresión latente.
Su primer encarcelamiento ocurrió en 1929, cuando tenía 15 años, por participar en actividades vinculadas al Partido Comunista; a partir de entonces, su biografía se convirtió en la de un militante señalado por detenciones, expulsiones y regresos, un disidente constante. “A José Revueltas le era más familiar la muerte que la vida, el dolor que la alegría y, sin embargo, buscó siempre el calor de los hombres… el de los más desposeídos”: así lo describiría Elena Poniatowska.
Islas Marías: el origen de una mirada
En el penal de las Islas Marías, José Revueltas vivió episodios decisivos de su formación: cumplió la mayoría de edad y, en una segunda estancia, pasó su cumpleaños número 20. Llegó por primera vez en julio de 1932, con apenas 17 años, a bordo del buque El Progreso, junto a otros presos políticos.
La segunda estancia, que inició en abril de 1934, fue más dura y dejó una huella profunda en su cuerpo y en su escritura. Realizó trabajos forzados. El desgaste físico, el clima hostil y la disciplina moldearon sus umbrales de tolerancia y su mirada.
En febrero de 1935, recuperó la libertad gracias a la amnistía decretada por el gobierno de Lázaro Cárdenas. Pero algo cambió. La experiencia del encierro se volvió inseparable de su escritura y de su pensamiento: la cárcel dejó de ser un lugar para convertirse en una metáfora persistente de la condición humana, un espacio en el que el tiempo, el cuerpo y la conciencia se enfrentan a sus propios límites.
De tales experiencias surgiría Los muros de agua (1941), una inmersión en las profundidades de la condición humana. Con el tiempo consolidó una obra narrativa de primer orden con novelas como El luto humano (1943) y Los días terrenales (1949).
Apoyó movimientos como el ferrocarrilero de 1958, padeció nuevas persecuciones y, en los años sesenta, alcanzó una madurez literaria visible en obras como el libro de cuentos Dormir en tierra (1960) y la novela Los errores (1964). Lo anterior contrastaba con una creciente radicalización política e ideológica. En 1967 recibió el Premio Xavier Villaurrutia por sus aportes a la narrativa mexicana.

El conflicto a escena
José Revueltas tuvo una relación intensa y persistente con el cine. Fue guionista de más de una veintena de películas y colaboró con figuras fundamentales del cine mexicano, como Roberto Gavaldón, con quien participó en películas clásicas como La otra (1946), La diosa arrodillada (1947), Rosauro Castro (1950), En la palma de tu mano (1951), La noche avanza (1952) y La escondida (1956). Además de ingresos, encontró en el audiovisual otra vía para desplegar su universo, en el que se exploran la culpa, la desigualdad, la violencia, el deseo, el poder y las zonas más turbias de la conciencia.
Su intento más significativo por dirigir fue la película inconclusa ¿Cuánta será la oscuridad? (1945), fotografiada por Manuel Álvarez Bravo. Su impulso por dirigir viró también hacia el teatro. Incursionó como director escénico con Mozart y Salieri (1941), de Pushkin, y escribió piezas como Israel (1948), en la que abordó el desamparo, el racismo y la exclusión.
Mención aparte merece la película El apando (1976), adaptación de su obra homónima escrita durante su estancia en Lecumberri. En el escenario, como en la página o en el cine, Revueltas volvió una y otra vez sobre los seres arrinconados, las tensiones morales y las fracturas de la sociedad.
La escritura como resistencia
El 16 de noviembre de 1968 llegó a Lecumberri tras ser detenido por su participación en el movimiento estudiantil de 1968. “Estamos en la Cárcel Preventiva más de ochenta personas, la mayoría estudiantes y el resto maestros. Vencidas las primeras y ofensivas dificultades, al fin logré que se me permitiera escribir y aun tener máquina para hacerlo, pero sobre mí está pendiente todo el peligro de que me la quiten y me desarmen”, escribió Revueltas a su amiga Omega Agüero.
Enfrentaba acusaciones de sedición, asociación delictuosa e incitación a la rebelión, entre otros cargos que buscaban responsabilizarlo de manera ejemplar por la movilización social.
“La cabeza hábil y cuidadosamente recostada sobre la oreja izquierda, encima de la plancha horizontal que servía para cerrar el angosto postigo…”. Frente a la celda de castigo, sitio en el que lo ubicaron en la crujía “I”, temeroso de que se le acabaran las hojas o le confiscaran la máquina de escribir, José Revueltas teclea a renglón seguido El apando.
En febrero de 1969, terminó el cuento “El reojo del yo” y tomó un montón de notas, cartas, crónicas y apuntes dispersos que con el tiempo terminaron compilados en los libros México 68. Juventud y revolución (1978) y Las evocaciones requeridas (1986).
La cárcel se convierte en una condición total, sin inocentes ni culpables claros: solo un sistema que absorbe a todos. “Nadien, este plural triste. De nadie era la culpa, del destino, de la vida, de la pinche suerte, de nadien”, escribe Revueltas; en esa frase se concentra toda la tragedia del encierro.

“La vida de Revueltas es casi la de uno de sus personajes… convencido de que la revolución es la meta imposible y necesaria”, señaló Carlos Monsiváis. Y como apuntó Álvaro Ruiz Abreu: “La vida de Revueltas es tan abrupta como su obra”. Como lo definió Eduardo Lizalde: “Tenía un temperamento mesiánico y heroico. Se entregaba a causas perdidas”.
José Revueltas recuperó la libertad en mayo de 1971, bajo la figura de libertad bajo palabra. Había pasado más de dos años en Lecumberri. “El maestro Revueltas estaba increíble, lleno de luminosidad, hermoso. Sus ojos adquirieron allí una luz benigna y sabía que la conservaron hasta que murió. De Lecumberri salió muy deteriorado, y nunca se recuperó”, escribió José Agustín sobre su encuentro con Revueltas en Lecumberri, narrado en su libro El rock de la cárcel.
Su última aparición pública ocurrió el 2 de febrero de 1976, durante la ceremonia en que trasladaron los restos de su hermano, el compositor Silvestre Revueltas, a la Rotonda de las Personas Ilustres. José, ya enfermo, asistió al homenaje oficial.
El 14 de abril de 1976, internado en el Instituto Nacional de Nutrición, sufrió dos infartos y entró en un estado crítico del que ya no saldría. Su hermana Consuelo declaró que, para la familia, José estaba prácticamente muerto desde días antes. No fue una muerte repentina, sino el desenlace de un cuerpo exhausto.
Su funeral fue, como su vida, una escena de confrontación política, de afecto colectivo y de lealtad a los vencidos. “La realidad siempre resulta un poco más fantástica que la literatura”, escribió Revueltas.
A medio siglo de su muerte, leerlo es un ejercicio de confrontación. Su vida y su obra permanecen ahí, desafían y recuerdan que la literatura también puede ser una forma de resistencia y conciencia crítica.
