Medio siglo de compartir los saberes del cuerpo; Lidya Romero (1955)
“La danza se piensa. Es una actividad inteligente que tiene mucho de intuición. Lo que en la juventud es un despliegue y derroche de fisicalidad y energía, se va depurando para dar paso a gestos y acciones esenciales cargadas de sentido”, afirma en entrevista la coreógrafa, bailarina y maestra Lidya Romero (1955).
“La danza es esencialmente un desafío a las leyes de la gravedad, porque son cuerpos en vilo, cayendo, suspendidos, desafiando; pero también el pensamiento es algo importante, cómo vas aprendiendo y refinando las técnicas, que tienen que ver con la improvisación y la indagación personal y colectiva. Hay mucha reflexión”, comenta.
La creadora de 70 años llega a estas conclusiones tras cinco décadas de trayectoria en este arte, que festejará el sábado 19 de julio, a las 19:00 horas, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, con el estreno de dos obras de su autoría: Luna de Shanghái y Libre pastoreo, que invitan al espectador “a volver a la calma tras la vorágine del mundo actual”.
Quien fundó en 1982 la compañía El Cuerpo Mutable explica que la danza “es un universo que te permite conectar con otros seres y el arte te hace más humano. Las obras son un pretexto para conectar. La sabiduría se comparte y aprendes de las nuevas generaciones”.
Agrega que el arte del movimiento “es una disciplina que se hace perfeccionando el oficio día con día, en los salones de clase, ensayando, generando nuevos conceptos y propuestas. Es un oficio que se hace en el tiempo, se va depurando, decantando, se va refinando.
“Los saberes del cuerpo se transmiten a través de los maestros, los coreógrafos, las obras que has bailado. Pero también por tu investigación personal; cómo vas descubriendo y desentrañando esa sabiduría que no sólo tiene que ver con la destreza física y el virtuosismo de la juventud, sino con ese trayecto y experiencia que sólo te da el hacer cotidiano. En ese sentido me siento muy fuerte, poderosa, muy consolidada en esos saberes”, añade.
La autora de unas 70 piezas admite que su cuerpo da cuenta de esos 50 años de bailar. “El cuerpo es la materia prima a través de la que te expresas. Hay un desgaste natural, porque debemos forzar la maquinaria a diario y eso te pasa la factura. Pero ganas en otro sentido, en sabiduría.
“Me siento con mucha ilusión de bailar en los escenarios, de compartir con el equipo creativo, los bailarines y, sobre todo, con el público. Cada etapa de la vida tiene algo maravilloso que hay que disfrutar. Espero seguir vigente unos años más para disfrutar las mieles de lo que se ha sembrado. Es tiempo de cosechar”, asegura.
Indica que su estilo está consolidado. “Reconozco que hay una mirada antropológica, más social. La vida cotidiana es una fuente constante de reflexión e inspiración, las grandes ciudades, las relaciones humanas, la decadencia, la profundidad del alma, la parte oscura de la vida y el hombre han sido mis preocupaciones temáticas”.
Sobre los estrenos que presentará, Romero detalla que Luna de Shanghái “es el resultado de mi fascinación por el Medio Oriente. Es una mirada personal, occidental, sobre la estética y la poética de la producción artística de China, Japón, Corea.
“Siempre me han dado curiosidad y me han extasiado los textiles, las texturas, la contemplación, los jardines japoneses, la danza butoh, la ópera de Pekín, la seda, los kimonos. Es una cultura muy diferente a la nuestra. La manera de contemplar al ser humano, a la naturaleza”, dice.
Confiesa que, a sus 70 años, “comparto esa mirada más tranquila, serena, más apacible, contemplativa, sobre todos estos fenómenos de la naturaleza y los seres humanos. Invito a volver a la calma, a la contemplación y al diálogo”.
Y para Libre pastoreo, prosigue, convocó a amigos de la danza que tienen una larga trayectoria. “Es una invitación a compartir el placer de estar en los escenarios. Son adultos mayores que se reúnen para conversar. Son gallinas como personajes. Hay autoescarnio, debemos saber burlarnos un poco, ser antisolemnes, porque el humor nos acerca al ser humano”, concluye.
