“Llamarse Olimpia”, el documental que cuenta la historia de una ley que marcó un precedente contra la violencia digital
Tras sufrir violencia digital, Olimpia Coral Melo emprendió una batalla legal para que su agresor fuera castigado. Resultado de su esfuerzo es la Ley Olimpia, aprobada por el Congreso mexicano en noviembre de 2021.
La norma reconoce la violencia digital y sanciona los delitos que violen la intimidad sexual de las personas a través de medios digitales. ¿Cómo fue el proceso que llevó a la activista a marcar un precedente con su caso?
Desde hace algunos años, Indira Cato se dio a la tarea de contactar y dar seguimiento a las actividades de Coral Melo y de colaborar con el colectivo Defensoras Digitales, resultado de su investigación es Llamarse Olimpia, documental ganador de reconocimientos en los festivales de Guadalajara y Morelia, que recién llega a las salas y da cuenta del origen y el alcance de una legislación que ha tenido resonancia internacional.
Tengo entendido que ustedes mismas están distribuyendo el documental, ¿por qué?
Por elección, decidimos que queríamos tener control sobre la película. Nos interesa aprender y tomar decisiones para buscar espacios alternativos. Afortunadamente le ha ido muy bien al documental, ha ganado premios y eso nos estimula. Nos parecía importante cuadrar el estreno con el 8M.
¿Cómo hablar de estos temas y en concreto me refiero a los testimonios, sin revictimizar a las entrevistadas?
Fue todo un tema de conversación en el equipo. Lo primero y es importante mencionarlo, en el equipo la mayoría somos mujeres y durante el rodaje todas lo fuimos. A todas nos parecía importante hablar del tema por el hecho de estar expuestas a las vulnerabilidades de las violencias en este país. Exploramos cómo abordar los temas y las entrevistas sin revictimizar ni detonar un trauma. Discutimos las formas de preguntar y las precauciones que necesitábamos tomar. Teníamos un rango para improvisar durante las conversaciones, pero siempre dentro de algunas pautas. Tanto a Olimpia como al resto de las personajes les dijimos que sintieran toda la confianza de decirnos si no se sentían cómodas hablando de algo. Les hicimos saber que nuestra intención era protegerlas y que el documental no incluiría nada que no estuviera consensuado por ambas partes.
¿Todas las invitadas accedieron a participar o hubo quien se negó?
Todas quisieron. Fue un acercamiento paulatino. Al principio fue extraño para Olimpia, se le hacía raro que conviviera con ella y la siguiera en sus actividades sin cámara. Hicimos esto para crear un vínculo que facilitara las cosas cuando se uniera el equipo. Primero fue con Olimpia y después con el resto de las chicas de Defensoras Digitales, al punto que nos adoptaron y nos volvimos casi parte de su movimiento.

¿A qué atribuyes que el caso de Olimpia tuviera un resultado favorable y que el caso de otras chicas no?
Depende de un montón de factores. El primero es el apoyo de su familia, es fundamental para las víctimas, pero no siempre se da. Influyó también que cada vez se unieron más chicas e hicieron un escudo protector que les permitió avanzar y cuidarse. Obviamente tuvo que ver su personalidad, perseverancia, el don de la palabra y el carisma. Sin embargo, también quiero dejar claro que Olimpia no es un ejemplo de lo que tendrían que hacer las víctimas. Vivir violencia de género en cualquiera de sus formas es doloroso y complejo, y cada una hace lo que puede con lo que le pasa. No hay una forma correcta de sobrellevarlo. El hecho de sobrevivir ya es un logro. Algunas como Prania, hacen rap para difundir sus dolores y experiencias; otras pintan bardas o hacen leyes. Cada una hace lo que puede, aunque sin duda agradecemos que exista Olimpia y que haya podido dar la cara por todas las demás.
Incluso en el documental dejas ver que Olimpia no se esperaba el liderazgo que ha alcanzado.
En México no estamos acostumbrades a estar pendientes de las leyes, simplemente porque no solemos entender su lenguaje. Lo que hace insólita a la Ley Olimpia es que tiene una historia detrás. El poder ver eso nos hace empatizar, entender la relevancia y estar más cerca del incomprensible mundo legislativo. Esto le ha dado un acceso distinto a la población, pero al mismo tiempo ha cargado de trabajo a Olimpia.
Una de las frases que más se repiten en la película alude a que no hay sexting seguro en el sistema de internet actual. Ahí hay un llamado de atención para tener precauciones.
Es triste, deberíamos de tener la libertad de vivir nuestra sexualidad libremente. No tendría que romperse la confianza que se pacta cuando se comparte material íntimo, pero la realidad es que por más que nos cuidemos nunca estamos completamente seguras. Muchas veces sí producimos el material conscientemente, pero muchas veces también, el material se produce sin que sepamos. Te pueden grabar en un baño público, en un vestidor o en un hotel. Una se puede cuidar y tomar precauciones, pero estamos en un mundo que no nos cuida y esto es muy común. No todo está en nuestro control y por eso es importante quitarles la responsabilidad a las mujeres y luchar para cambiar la forma en la que la sociedad nos trata.
¿Qué relación tienes con los feminismos anteriores a tu generación?
Hay un montón de feminismos y la mayoría pueden tener ajustes y desacuerdos, pero todos son válidos. Las luchas de las mujeres tienen un montón de tiempo y justo la Ley Olimpia, responde a la etapa de los cambios tecnológicos y a la forma en que se traspasó a internet las violencias que vivimos de manera cotidiana. Luchar por no padecer violencia en la red, se traduce en tener una internet más segura.
¿Qué reflexión te genera la película en términos de los pendientes y de lo que se puede regular más?
Las leyes son importantes porque lo que no se nombra no existe, y hacer de esto un delito es un primer paso. Pero las leyes también deben de ir de la mano de un montón de otras acciones que las Defensoras Digitales están atendiendo como capacitaciones a funcionarios, ministerios públicos, la ciudadanía en general, además de campañas de prevención en las escuelas.
Tu película muestra la resonancia de la Ley Olimpia en Argentina. ¿Ves en esto señales de que se está avanzando en dirección correcta?
Hay un avance, no sé si tan rápido como nos gustaría. Las Defensoras Digitales están tomando esto como una misión de vida. Hay mucho trabajo por hacer en México, el proceso no se acaba por tener una ley.
¿Crees que hay más conciencia en las familias sobre la importancia de apoyar a las víctimas de la violencia digital?
No es fácil, estamos en un choque generacional. En algunos círculos cambian más rápido, pero nos está tocando la transición y hay que tener paciencia. A pesar de que todavía falta, se ha avanzado.
En la película vemos imágenes de las marchas del 8M recientes. ¿Qué piensas sobre la vigilancia que desde hace tiempo se mantiene en el Zócalo para este día?
Estamos muy enojadas y cansadas de vivir con miedo, de estar a la defensiva y no sentirnos escuchadas. Cada quien tendrá su opinión sobre las pintas y todo lo que rodea a una marcha, pero es innegable que este tipo de acciones es lo que hace que nos volteen a ver. Me parecen importantes las marchas, no estoy a favor de que se protejan a los monumentos, pero más allá de estas protecciones se necesitan más políticas públicas que nos protejan.
El público natural de la película está en círculos urbanos y más o menos informados, ¿cómo hacer que el mensaje llegue a sectores más marginados?
La violencia digital no discrimina y entra en todos lados. Nosotras estamos yendo por etapas, me parece valioso lo que ha pasado en festivales de cine porque la Ley Olimpia está difundida en espacios de lucha. Ahora la misión es ir a cines y ponerlo en disposición de la gente que tenga un interés legítimo por los documentales o esta ley. Estamos planificando ir a escuelas y hacer una gira alternativa durante los próximos meses para llegar a otros espacios.
