La falta de servicios de cuidado frena la movilidad social en México

La falta de servicios

Vivir en una localidad sin guarderías o centros de cuidado puede marcar la diferencia entre mejorar o no la situación económica respecto a la familia de origen. En México, la ausencia de estos servicios reduce las posibilidades de movilidad social, especialmente para quienes nacen en hogares con menos recursos, de acuerdo con el informe Movilidad social y cuidados: un vínculo inseparable del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

El estudio, publicado este jueves, señala que entre las personas que provienen del 40% de hogares con menores recursos, 79% permanece en esa condición cuando vive en localidades sin servicios de cuidado, mientras que la proporción se reduce a 59% en lugares donde sí existen estos apoyos. La diferencia refleja cómo la disponibilidad de infraestructura para el cuidado puede influir en las oportunidades para mejorar la posición socioeconómica respecto a la familia de origen.

La investigación, elaborada con base en el módulo de cuidados de la encuesta ESRU-EMOVI 2023, advierte que cuando las familias no cuentan con alternativas institucionales para atender a niñas y niños, personas mayores o con discapacidad, estas responsabilidades recaen casi por completo en los hogares. En ese contexto, el tiempo destinado al cuidado suele restarse a actividades como estudiar, trabajar o buscar mejores oportunidades laborales.

De hecho, el informe encuentra que la movilidad social ascendente es hasta 2.5 veces mayor en localidades donde existen centros de cuidado que en aquellas donde estos servicios no están disponibles. Esto sugiere que la presencia de este tipo de infraestructura puede contribuir a ampliar las oportunidades educativas, laborales y económicas de las personas, particularmente de quienes provienen de contextos más vulnerables.

Una responsabilidad que recae principalmente en las mujeres

El estudio también documenta que el trabajo de cuidados continúa distribuyéndose de forma desigual dentro de los hogares. En México, 76% de las personas cuidadoras son mujeres, lo que limita su participación en el mercado laboral y en otros espacios de desarrollo personal y profesional.

Esta carga desproporcionada contribuye a ampliar las brechas de género en el acceso a oportunidades educativas y laborales. El informe advierte que, cuando las mujeres asumen la mayor parte de estas tareas, enfrentan mayores obstáculos para continuar sus estudios, incorporarse al empleo o avanzar en sus trayectorias profesionales.

Las responsabilidades de cuidado también influyen en las trayectorias educativas. Entre personas que provienen de hogares con bajos niveles de escolaridad, quienes realizan labores de cuidado registran menores avances hacia estudios profesionales en comparación con quienes no desempeñan estas tareas.

Esta diferencia puede tener efectos de largo plazo en el mercado laboral, ya que menores niveles educativos suelen traducirse en empleos con salarios más bajos, menor estabilidad y menos oportunidades de crecimiento económico.

Consecuencias en la salud mental

Más allá de las implicaciones económicas y educativas, el trabajo de cuidados también puede afectar el bienestar emocional de quienes lo realizan. El informe señala que asumir el rol de cuidador principal aumenta la probabilidad de experimentar problemas de concentración, tristeza o la sensación de que las actividades cotidianas representan un gran esfuerzo.

Estas afectaciones se relacionan con la carga de tiempo y responsabilidades que implica el cuidado, particularmente cuando se realiza sin apoyos institucionales o redes de apoyo suficientes.

Un reto para la política pública

Ante este panorama, el CEEY advierte que el cuidado no puede seguir siendo una responsabilidad exclusiva de los hogares y, en particular, de las mujeres. La organización plantea que avanzar hacia un Sistema Nacional de Cuidados podría contribuir a reducir las desigualdades de oportunidades y ampliar las trayectorias de movilidad social en el país.

De acuerdo con el organismo, garantizar el acceso a servicios y apoyos para el cuidado permitiría redistribuir estas responsabilidades entre el Estado, el mercado, las comunidades y las familias. Esto liberaría tiempo para que las personas cuidadoras puedan invertir en su educación, su salud y su participación en el mercado laboral.

Incorporar la dimensión del cuidado en el diseño de políticas públicas, concluye el informe, no solo beneficiaría a quienes requieren atención, sino también a quienes la brindan, ampliando así las posibilidades de movilidad social para millones de familias en México.

“Cuando las personas están cuidando, esto es un ancla que las amarra en los estratos socioeconómicos más bajos de la sociedad”, advirtió Mónica Orozco, investigadora externa del CEEY y autora del estudio, durante la presentación del informe.

Señaló que México, en proceso de construir un Sistema Nacional de Cuidados, aún se encuentra rezagado frente a otros países en el desarrollo de políticas públicas en esta materia.

Expuso que mientras en Europa estos sistemas ya están integrados a las políticas sociales y fiscales, en América Latina países como Uruguay y Colombia han avanzado en su construcción, y en México comienzan a surgir iniciativas locales como en la Ciudad de México y Nuevo León.