El día que robaron a la Mona Lisa del Louvre y acusaron a Picasso

El día que robaron

Aunque en la actualidad, la Mona Lisa de Leonardo da Vinci es uno de los cuadros más reconocidos de la historia, su fama no siempre fue la misma, e incluso hubo una época en que era un cuadro más en la inmensa galería del Museo de Louvre.

Pero esto dio un vuelco radical luego de ser robada y desaparecer por unos meses, en un acto delictivo en el que las investigaciones vincularon a personalidades de la talla de Pablo Picasso y al poeta francés, Guillaume Apollinaire.

¿Cómo ocurrió el robo de la Mona Lisa?

El lunes 21 de agosto de 1911, corrió la noticia del hurto en el museo parisino: la Mona Lisa había desaparecido sin dejar rastro.

Durante más de 24 horas, nadie se percató de la ausencia del cuadro más enigmático del Renacimiento.

Con el paso de los días, fue un escándalo mayúsculo que no solo sacudió al mundo del arte, sino que también llevó a prisión, al menos por un breve tiempo, a los mencionados Apollinaire y a un muy joven Picasso.

Sin embargo, el autor intelectual de tremendo hurto fue el italiano Vincenzo Peruggia, un modesto carpintero italiano que había trabajado en el museo un año antes y conocía bien los rincones del recinto.

Aprovechando un día de cierre al público, Peruggia ingresó al Louvre disfrazado con una bata blanca, similar a la que usaban los trabajadores y, sin mayor dificultad, desmontó el marco, ocultó la pintura bajo su ropa y salió caminando; incluso tomó el autobús con el cuadro a la vista de los pasajeros, sin que nadie tuviera una reacción inmediata, pues en ese entonces, «La Goiconda» no levantaba las pasiones y admiración de hoy en día.

Fue una operación sorprendentemente simple, facilitada por las deficiencias de seguridad del museo en aquella época.

El robo no se descubrió hasta el día siguiente.

Tras comprobar la ausencia de la obra, los periódicos de todo el mundo difundieron la noticia, bautizando el hecho como “el robo del siglo”.

Como consecuencia, el Louvre cerró durante una semana y las autoridades francesas, bajo enorme presión, buscaron responsables.

Picasso y Apollinaire, vinculados al robo del siglo

La investigación pronto tomó un giro inesperado al apuntar a los círculos artísticos de vanguardia, y entre los primeros detenidos estuvieron Guillaume Apollinaire, célebre poeta y defensor del arte moderno, y su amigo cercano, el pintor español Pablo Picasso.

Ambos eran conocidos por sus provocadoras posturas contra el arte tradicional y por sus simpatías con el futurismo, movimiento que defendía la destrucción de los museos como símbolo de una nueva era artística.

Más allá de sus ideas radicales, las autoridades tenían razones para sospechar de ellos, y es que cuatro años antes del robo, un conocido de ambos artistas, el belga Joseph Géry Pieret, había sustraído unas estatuillas ibéricas del Louvre.

Estas piezas terminaron en el taller de Picasso, quien las adquirió sabiendo su origen ilegal y las usó como inspiración en su obra fundacional del cubismo, Las señoritas de Aviñón.

Tras el robo de La Gioconda, Apollinaire intentó deshacerse de las estatuillas, lo que llamó la atención de la policía, hecho por el que arrestado y, bajo presión, mencionó a Picasso.

El pintor español fue llevado a declarar; de acuerdo a testigos de aquellos años, Picasso temblaba de miedo y, en un acto que él mismo describiría años después como vergonzoso, negó conocer a Apollinaire.

Tras este embarazoso acto, ambos fueron liberados sin cargos, pero su relación nunca se recuperó.

¿Cómo se recuperó a la Mona Lisa?

La verdadera historia se aclaró dos años después, cuando el 10 de diciembre de 1913, Peruggia fue arrestado en Florencia tras intentar regresar la pintura a Italia, alegando que actuó por patriotismo y creyendo erróneamente que la obra había sido saqueada por Napoleón en su invasión al país de la bota, y debía regresar a su tierra.

Peruggia fue condenado a poco más de un año de prisión, pero cumplió solo siete meses.

La Mona Lisa regresó al Louvre convertida en una celebridad global, lo que nunca antes había sido, pues solo era una de muchas obras maestras en el museo, pero su desaparición y recuperación la convirtieron en un ícono cultural.

Durante su ausencia, multitudes visitaban el museo únicamente para ver el espacio vacío en la pared. Bajo esta nuevo estatus de la obra de da Vinci, las palabras de la Como dijo la escritora R.A. Scotti, autora del libro, «La sonrisa desvanecida: El misterio del robo de la Mona Lisa», el cuadro: “salió del Louvre como una pintura y regresó como un ícono”. Un ícono que, más de un siglo después, sigue dando de qué hablar y llenando la sala donde se encuentra, con un promedio de 30 mil visitantes diarios que la observan.