Crítica de Hoppers: una simpática aventura ecologista que agradará a los peques de la casa
Después de Elemental y Elio, Pixar da un volantazo hacia el público infantil con Hoppers, una película muy asequible para los peques de la casa que disfrutarán de su alocada acción y del cruce de estilos que homenajea el espíritu de Avatar sin dejar de lado un tono muy light en el que impera la aventura.
En esta ocasión no estamos ante una de esas películas que atrapan por igual a grandes y chicos porque no hay sketches dirigidos a los primeros y tampoco hay un trasfondo especialmente complicado sino que el tema central está muy claro: el cuidado y respeto del medioambiente.
De la propuesta destaca la calidad de la animación, incontestable, y la belleza del entorno natural retratado con verdadero esmero. Técnicamente es irreprochable, con un manejo impresionante de la luz, las texturas y la creación de ambientes. Lo mismo puede decirse del diseño de los personajes, muy expresivos y tendentes a la exageración. La historia ya es harina de otro costal, bastante sencilla y tratando de evadir los clichés, pero también algo repetitiva y menos emocionante de lo esperado, con la tendencia a escorarse a lo absurdo.
La sensación que deja Hoppers es que el estudio está experimentando en una nueva dirección centrándose más en la diversión pura y dura y menos en historias con muchas capas que requieran una gran concentración.

Después de Elemental y Elio, Pixar da un volantazo hacia el público infantil con Hoppers, una película muy asequible para los peques de la casa que disfrutarán de su alocada acción y del cruce de estilos que homenajea el espíritu de Avatar sin dejar de lado un tono muy light en el que impera la aventura.
En esta ocasión no estamos ante una de esas películas que atrapan por igual a grandes y chicos porque no hay sketches dirigidos a los primeros y tampoco hay un trasfondo especialmente complicado sino que el tema central está muy claro: el cuidado y respeto del medioambiente.
De la propuesta destaca la calidad de la animación, incontestable, y la belleza del entorno natural retratado con verdadero esmero. Técnicamente es irreprochable, con un manejo impresionante de la luz, las texturas y la creación de ambientes. Lo mismo puede decirse del diseño de los personajes, muy expresivos y tendentes a la exageración. La historia ya es harina de otro costal, bastante sencilla y tratando de evadir los clichés, pero también algo repetitiva y menos emocionante de lo esperado, con la tendencia a escorarse a lo absurdo.
La sensación que deja Hoppers es que el estudio está experimentando en una nueva dirección centrándose más en la diversión pura y dura y menos en historias con muchas capas que requieran una gran concentración.
El castor que hay en mí
Hoppers nos presenta a Mabel, una joven de fuertes convicciones ecologistas que se ha criado con su abuela en el amor a la naturaleza. Juntas disfrutan de un entorno inigualable que rodea su propiedad y donde Mabel que acude cada vez que se siente frustrada para «reconectar» consigo misma y con el universo.
Pasados los años, su abuela fallece y Mabel se convierte en una activista que suele tener encontronazos con el alcalde de la localidad. Jerry es un político enamorado de sí mismo y convencido de la reelección, pero para ello tiene que completar su plan de construir una circunvalación que pasa por encima del santuario que Mabel prometió proteger.
En su convicción de salvar el lugar y la fauna que solía albergar, Mabel descubre que un departamento secreto de la universidad ha creado un programa para traspasar la conciencia de los humanos al cuerpo de los animales. Y con esta tecnología se introduce en la mente de un castor que le permitirá infiltrarse entre ellos para liderar una rebelión y recuperar su hogar.
Resulta algo frustrante porque no se puede decir que sea una mala película, pero con Pixar el listón siempre está por las nubes. Puede que el peor enemigo de Hoppers sea el brillante pasado contra el que se ve obligada a competir: esperamos un clásico instantáneo pero eso no siempre es posible.
En su lugar nos ofrece una historia centrada, sencilla, sin capas ni dobleces, un regreso a lo fundamental que no es desacertado si tenemos en cuenta que parece estar tratando de reubicarse y encontrar su lugar buscando relatos menos identitarios y más universales y asequibles para el gran público. Pero, si abrimos el cajón de las comparaciones odiosas, esta cinta palidece ante otras como Robot salvaje, con las que comparte discurso, y se queda muy por debajo de otras películas de la propia compañía, que supieron explotar con mayor ingenio y originalidad el mismo tema.
Hoppers no está exenta de virtudes, a pesar de que no sea una de esas películas que calificaríamos de imprescindible o inolvidable: se respira amor por la naturaleza en cada fotograma, también arrojo al arriesgar por una historia nueva y no centrar toda la atención en productos derivados, el gran mal de nuestros días aunque ojalá a la determinación de la protagonista por proteger la vida salvaje la asistiera una aventura más profunda y significativa.
Lo mejor que podemos hacer como espectadores es dejarnos llevar por la historia y tomar este episodio de Pixar como lo que decíamos más arriba: el inicio de un proceso de exploración que a saber a dónde nos llevará en el futuro…
